Honduras : Libertad o Chavismo
Gomeraverde - Opinión de Sebastián Hdez. Vera / Se suele considerar que la verdad es la correspondencia entre lo que pensamos o expresamos y lo que existe en la realidad.
Y la verdad es única, no hay varias verdades. En el tema relacionado con los acontecimientos sucedidos en Honduras hemos podido leer en este portal de Gomeraverde algunos artículos relacionados con esos acontecimientos que son versiones personales. Sólo cuando coinciden con lo que realmente sucedió podemos hablar de la verdad de Honduras.
En primer lugar se debe aclarar que la crisis hondureña no surgió brusca e inesperadamente, de la noche a la mañana, sino que tuvo sus antecedentes a lo largo de varios meses previos cuando el aún presidente Zelaya manifestaba, una y otra vez, su deseo de reelegirse a pesar de que la Constitución, como bien sabía él, lo prohibía claramente. Ideó una especie de consulta o encuesta, figura que no existe en el sistema electoral hondureño, para saber si los hondureños estaban o no de acuerdo con incluir una cuarta urna en las elecciones generales de noviembre para votar por una Asamblea Constituyente que reformara la Constitución. El 27 de mayo se dictó una sentencia en la que se prohibía dicha consulta.
Con posterioridad Zelaya destituyó al Jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas porque los militares se negaban a darle el apoyo logístico necesario para poder realizar la consulta. Finalmente el Poder Judicial y el Poder Legislativo, considerando que Zelaya pretendía claramente derogar la Constitución para continuar en el poder, ordenaron a las Fuerzas Armadas que detuvieran al presidente después de que éste había hecho publicar el día anterior, sábado 27 de junio, el Decreto PCM-020-2009 por el que ordenaba la realización de la anteriormente mencionada encuesta de opinión pública a cargo del Instituto Nacional de Estadística. A propósito, de acuerdo con la Constitución sólo el Tribunal Supremo Electoral es el autorizado en realizar consultas, no el Instituto Nacional de Estadística.
No se puede hablar con rigor de golpe militar porque las Fuerzas Armadas no sólo no asumieron el poder sino que se limitaron a acatar la orden emanada de la máxima autoridad del Poder Judicial y, además, avalada por la inmensa mayoría del Congreso, que es el Poder Legislativo. No se estableció un gobierno militar al estilo de los que Estados Unidos promovió y apoyó en épocas pasadas, ni se quebrantó el Estado de Derecho. Lo que hubo fue un pulso entre los tres poderes del sistema democrático; en este caso el Legislativo y el Judicial se unieron para evitar un abuso grave por parte del Poder Ejecutivo, es decir, el Gobierno de Zelaya. Algún articulista intenta comparar lo que para él fue un golpe militar de extrema derecha, con golpistas del pasado: Pinochet, Videla, Somoza, Stroesnner, etc. Indudablemente que esos personajes fueron golpistas, pero la comparación con lo sucedido en Honduras no resiste la más mínima honestidad intelectual. ¿Prejuicios sectarios?. A propósito, entre los personajes del pasado no incluye a Lenin, Stalin, Mao, Pol Pot, Castro, etc. ¿ Casualidad, olvido o afinidad ideológica ?
A continuación el Congreso, siguiendo estrictamente lo que dicen las normas legales establecidas, procedieron a sustituir a Zelaya de forma temporal hasta que se llevaran a cabo las elecciones, previstas ya con antelación para noviembre del presente año. Se consiguió, por tanto, restablecer el Estado de Derecho violentado por su Presidente, el cual no había cumplido con lo que dicta su Constitución y por ello fue destituido de su cargo ( Art. 42, 239, 272, 373, 374 ) aunque un articulista manifiesta que esto sólo fue una excusa.
El error, como ya manifesté en el artículo anterior, fue sacar del país a Zelaya ilegalmente, sin respetar sus derechos constitucionales. Falta saber si la orden de detención incluía la indicación de alejarlo de Honduras o si, por el contrario, esa fue una decisión de los propios militares. Sea como fuese, ilegal a todas luces y sus responsables también deberían responder ante la Justicia.
Ganar unas elecciones democráticamente no garantiza en absoluto un gobierno democrático. La democracia no termina en las urnas; es sólo el inicio. Todos los servidores públicos, desde un Alcalde hasta un Presidente, deben ajustarse a la ley ya que cuando tienden a retorcerla con fines partidistas la democracia se deteriora y hay que restaurarla. Muchos políticos y ciudadanos, a raíz de lo sucedido en Honduras, pretenden dar a entender que un servidor público elegido democráticamente no puede ni debe ser depuesto, olvidando que la democracia implica que dichos servidores deben respetar a las instituciones y a los ciudadanos. Lo correcto y justo es que si un político, como ha sido el caso de Zelaya, no acata ni respeta la ley debe ser depuesto.
En un país verdaderamente democrático gobierna la Constitución y la ley, no los hombres. Ningún hombre, ni siquiera el presidente en funciones, está por encima de la Constitución y las leyes. Cualquier acto de insubordinación contra el orden constitucional establecido es en sí un golpe de Estado. Fue Zelaya quien intentó violentar el orden constitucional, aunque cierto articulista lo niega.
Lo ocurrido en Honduras es algo diferente a lo conocido con anterioridad en la historia política de Sudamérica. Es la primera vez que un ejército depone a un Presidente constitucional y democráticamente electo para restaurar el Estado de Derecho y no para romper el Estado de Derecho. Ha habido un levantamiento contra un Presidente que violaba las leyes vigentes, creándose un precedente del que se hablará mucho en el futuro próximo y lejano. La lección de Honduras es extraordinaria. Un Presidente no tiene derecho a desobedecer la Constitución y las leyes de su país. Todo un nuevo mensaje para los aspirantes a dictadores.
No es verdad que la actual Constitución fue instaurada por el poder militar. Fue aprobada en enero de 1982 y surgió de la Asamblea Nacional Constituyente que se instaló en abril de 1980, iniciándose entonces la vuelta a la democracia tras casi veinte años de regímenes militares. De las 13 constituciones que ha tenido Honduras en sus más de 180 años de independencia, la actual, pese a ser muy joven, es la más vieja. Nunca habían vivido más de 25 años en democracia ininterrumpida. Los hondureños se cansaron de tan larga tradición de gobernantes que perseguían perpetuarse en el poder a toda costa y con maniobras de todo tipo y, por eso, incluyeron en la Constitución de 1982 la cláusula que prohíbe la reelección presidencial y que además sanciona con la retirada inmediata del cargo a quien se atreva proponer siquiera la reforma de dicha cláusula. Por lo tanto, lo que debe defenderse es el mantenimiento del Estado de Derecho y no al usurpador Zelaya.
A partir de 1981 han sido elegidos siete Presidentes, para gobernar por periodos de cuatro años, sin opción a un nuevo mandato, porque la ley no lo permite. De las siete elecciones cinco las ganó el Partido Liberal y dos el Partido Nacional, ambos conservadores. Ambos partidos se han alternado en el poder durante más de cien años. En los años noventa del pasado siglo XX surgió un nuevo partido denominado Partido Unificación Democrática ( UD, situado a la izquierda en el espectro político ) y a finales de los sesenta se crearon la Democracia Cristiana ( DC ) y el Innovación y Unidad-Social Demócrata ( PINU - SD ). De los 128 diputados actuales 62 son del Partido Liberal, 55 del Nacional, 5 del UD, 4 de la DC y 2 del PINU - SD. Esta es la realidad de Honduras, que no gusta a ciertas personas, articulistas o sectores sociales y que pretenden que cambie por la fuerza sin tener en cuenta la decisión que los soberanos ciudadanos de Honduras han manifestado en las urnas. Afirmar, como ha hecho un articulista, que el Poder Legislativo ( Congreso ) y el Poder Judicial no son instituciones serias e imparciales porque se oponían a los designios del Presidente es la mejor muestra de que se ha perdido la cordura y que el fin justifica los medios. Manifestar que el Congreso está politizado y controlado por la derecha, como si esa realidad elegida por los ciudadanos fuese negativa y anormal, para justificar luego las actuaciones de Zelaya, es absolutamente demencial e irracional. El Congreso actual es el que es, el elegido por los ciudadanos de Honduras en las últimas elecciones democráticas. La sociedad hondureña ha votado prácticamente siempre a opciones conservadoras, al igual que en La Gomera predomina sociológicamente el socialismo y nadie debe cuestionarlo, porque esa es la voluntad de sus ciudadanos.. De hecho Zelaya se presentó por un partido conservador, el Partido Liberal. Lo que ocurrió es que con la oposición de su propio partido, y de espaldas a quienes le votaron, dio un giro hacia la izquierda del espectro político acercándose al modelo que vende Hugo Chávez, una especie de populismo barato, primitivo, cutre, ridículo y violento. Los partidarios de esta concepción del mundo, o ideología política, se han agarrado a esta posibilidad, como un clavo ardiendo, y pretenden mostrar que este personaje es un nuevo mesías e iluminado que tiene las llaves para conseguir, siguiendo la senda liberadora que menciona un articulista, una sociedad nueva y un hombre nuevo. Más de lo mismo; esto ya lo hemos conocido en el siglo pasado. Trataron de crear un paraíso en la Tierra y consiguieron un infierno. El mayor drama de la Humanidad: hambre, sufrimiento, violencia, injusticia, miseria, dolor, represión, desesperación, pobreza, malos tratos, campos de exterminio, de trabajo, de concentración y más de cien millones de muertes.( URSS, China, Vietnam, Camboya, Europa oriental, África, Cuba…….) . Terror organizado a gran escala y miseria moral. Utopías colectivistas totalitarias.
Lo ocurrido en Honduras es un ejemplo de que, como afirmaba el filósofo Oswald Spengler, a veces es necesario un pelotón de soldados para salvar la civilización. Cuando quien debe ser ejemplar a la hora de respetar los principios democráticos y constitucionales los vulnera en beneficio propio, es necesario que, por higiene política y por salud democrática, se aplique un mecanismo corrector de urgencia. Eso y no otra cosa es lo ocurrido en Honduras, y lo que algunos no han querido reconocer. Otros, como mucho, han hecho un análisis de la realidad hondureña oscilando entre la crítica no fundamentada y la opinión interesada.
Siempre me ha parecido que una buena discusión entre dos o más personas, razonables y educadas, es muy estimulante y placentero, porque nos permite la posibilidad de aprender algo nuevo, incluso cuando se es simplemente un oyente o testigo de dicha discusión. Las buenas discusiones nos dan la oportunidad de saber más del tema en cuestión y, sobre todo, nos enseña a razonar. Lo importante es valorar y evaluar las ideas, por encima de las personas que las sostienen. Los calificativos y los epítetos a quien defiende determinadas ideas es la forma más débil de criticar y, por eso, la más corriente. Argumentemos, en busca de la verdad, sin necesidad de insultar.
No tengo nada que objetar cuando alguien, haciendo uso de su libertad de expresión, manifiesta su desacuerdo con lo expresado por mi persona. Estar o no de acuerdo es consecuencia de la libertad humana. Lo que carece de toda lógica es calificar de dictador o fascista a todo aquel que no comulgue con sus ideas en lugar de aportar argumentos, evidencias, datos o hechos para sostener o rebatir las ideas que son motivos de discusión. A quienes persisten por este camino se les puede aplicar esta frase de G. B. Shaw : Hace mucho aprendí a no luchar con un cerdo. Se ensucia uno y al cerdo le gusta. Mi único objetivo ha sido contribuir a defender y promocionar los principios de la libertad, la democracia y el Estado de Derecho, así como facilitar el debate, la reflexión y la crítica en torno a estas ideas esenciales.
Gomeraverde.com – Canarias
Fuente: Sebastián Hernández Vera











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