Inés Arozena, Bernardo García y la hija de ambos, Nayra, de tres años, son tres supervivientes tinerfeños del accidente que el pasado fin de semana
vivió en aguas italianas el crucero Costa Concordia y que se ha cobrado ya la vida de seis personas. Ayer se recuperaban aún, en su casa de El Médano, en el sur de Tenerife, de la dura experiencia vivida. El desastre de organización en la evacuación del buque fue el principal problema, según contó ayer Arozena, que ya ha viajado en varias ocasiones en cruceros como éste. "No hubo simulacro, como se hace el primer día de todos los cruceros", afirmó. "La gente estaba totalmente desorientada y el pánico lo inundó todo", resumió.
El matrimonio y la niña habían pasado la jornada del viernes de visita en Roma y al caer la tarde regresaron cansados al barco. "Nos duchamos y nos quedamos en el camarote a descansar, tranquilos", apuntó Inés, que recuerda perfectamente el momento en que sintió un golpe seco en el buque, sobre las 21:30 horas. "Sentimos de pronto una vibración muy fuerte y cómo el barco se ladeaba; entonces, mi marido salió al balcón del camarote a ver lo que pasaba, pero no se veía nada porque se había ido la luz". En ese instante, sin saber bien qué hacer, Inés recuerda que, en pijama, se pusieron algo de abrigo y salieron al pasillo de la octava planta, donde se alojaban. "Preguntamos en primer lugar a una camarera de piso que pasaba en ese momento, pero no supo decirnos qué ocurría, hasta que minutos después, a través de la megafonía, nos aseguraron que era un problema eléctrico", relató.
No conformes con la información aportada, el matrimonio decidió subir con su niña a la novena planta para salir a cubierta y tratar de entender qué sucedía. "Seguían diciendo que no pasaba nada, mientras veíamos cómo el barco se escoraba cada vez más". No fue hasta el tercer aviso por megafonía cuando la alarma de evacuación se activó", aseguró. "Y eso sucedió al menos una hora después del impacto del barco", recuerda Inés.
En ese instante fue cuando optaron por bajar a la cuarta planta, a la zona donde se sitúa el puente de mando de la embarcación. Allí comenzó a agolparse muchísima gente. "Fue uno de los peores momentos", puesto que el pánico se había adueñado de los pasajeros del buque. "Fue terrible; la gente gritaba ¡vamos a morir!", contó ayer con relativa calma. "Lo peor que recuerdo fue cuando bajaba por las escaleras del barco con mi niña en brazos para salir de allí y ver que el crucero iba cada vez más torcido", añadió.
La familia García Arozena fue de las primeras en subir a una de las lanchas salvavidas. "Tuvimos bastante suerte; otros no lo han podido contar", se lamenta. Inicialmente no consiguieron chalecos salvavidas, pero algunos minutos después consiguió uno de tamaño infantil para la niña, que subió en primer lugar con su marido. Bernardo iba, sin embargo, sin el chaleco. "Yo también subí con ellos, pero con la marabunta me echaron hacia atrás y me quedé fuera", recordó. Sin embargo, Inés logró colarse finalmente en la embarcación de salvamento, en la que al menos iban unas 100 personas. Ya en tierra, más tranquilos, vieron la posición del barco, escorado muy cerca de las rocas de la costa de la isla de Giglio y fueron conscientes de la magnitud del accidente. "Se portaron muy bien con nosotros", aseguró Arozena.
Ayer, durante la mañana, Inés y Bernardo se apresuraron a tramitar la denuncia correspondiente en las dependencias de la Policía Nacional de Playa de Las Américas por la pérdida de toda su documentación. "Nos quedamos con lo puesto", apunta Inés. "Al menos ya estamos documentados", añadió. El matrimonio tratará estos días de recuperar la calma y poder regresar a su rutina diaria. La niña apenas se enteró de lo que sucedía, aseguró la madre. "Incluso se reía cuando veía que la gente nos ayudaba y la arropaba con mantas", contó Inés al término de su relato.
Ayuda psicológica
Pero el naufragio del Costa Concordia también pudo costarle la vida a otros canarios. Afortunadamente, como a Inés y Bernardo, la suerte les sonrió. El matrimonio formado por Benito González y Teresa Curbelo, se encuentran desde ayer en Lanzarote junto con su hijo Pablo, de ocho años. Llegaron al filo de las 12:30 horas al aeropuerto de Guacimeta, procedentes de Barcelona, después de haber hecho escala en Madrid. En la terminal conejera los esperaban varios familiaresy amigos. Lágrimas, abrazos y suspiros de alivio tras comprobar que estos tres supervivientes ya están en casa se fundieron en las escenas que se vivieron en la terminal de llegadas de Guacimeta. "La angustia no me la quita nadie. Hasta que no los vea y logre abrazarlos no me quedaré tranquila", afirmó Rita Cabrera, madre de Teresa, momentos antes de que el avión de Spanair en el que viajaron su hija, yerno y nieto aterrizara en Guacimeta.
Benito, Teresa y Pablo forman parte del grupo de 24 pasajeros procedentes de las Islas Canarias que estaban en el Costa Concordia cuando tuvo lugar la tragedia, un horroso episodio que difícilmente olvidarán de las que fueron sus "primeras y últimas vacaciones" en un crucero. "Ahora me doy cuenta de la magnitud de lo ocurrido. Aún no he llorado ni gritado y estoy pasando por lo peor", aseguró Teresa durante su relato del accidente ante los medios de comunicación que acudieron este lunes a Guacimeta.
Su hijo está "muy asustado" y no se despega ni un solo momento de sus padres. "Lleva tres días durmiendo con nosotros y no quiere irse a la cama solo", relató Teresa, que es informadora turística del Ayuntamiento de Teguise. Tanto ella como su esposo manifestaron que "el niño requiere ayuda psicológica" tras el impacto emocional de lo sucedido. Esa ayuda la tendrán, según adelantaron ayer el alcalde de Teguise, Oswaldo Betancort, y la concejala de Turismo, Rita Martín, que se trasladaron hasta Guacimeta para saludar a la pareja y ponerle a su disposición los servicios municipales.
Para tranquilizar al menor, su padre le decía que "todo era una falsa alarma". "Hasta que no se encontró con su madre, Pablo estaba muy nervioso, pero se comportó muy bien", contó Benito .
Teresa tomó como referencia para tranquilizar a su hijo los consejos de una madre italiana a su pequeño antes de ser evacuados a tierra. "El niño le decía: ´Mamá, nos vamos a ahogar´. Y la madre le respondía: ´Tranquilo, cariño. Ya verás lo divertido que va a ser. Nos montaremos en un bote, nos iremos a tierra y nos pondremos a salvo".
Teresa precisó que "en ningún momento se hizo un simulacro en el barco para ver cómo actuar en el caso de una tragedia. "Al llegar a la habitación tras embarcar te ponían un vídeo en la televisión pero nada más", afirmó.
Fuente: laopinion.es - N.PÉREZ / A. FERNÁNDEZ
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