Valle de Grandes Reyes es un lindo rincón de una perdida isla del Atlántico, donde la tranquilidad y la vida simple, marcaron durante generaciones el día a día de sus moradores.
Durante treinta años vivieron cómodos bajo el paragua del Gran Oso Gris, la riqueza y la prosperidad llegó a ese lugar en forma de turismo. Los apartamentos y restaurantes surgieron por doquier y los Challangeros vivieron una etapa de esplendor, guiado por su líder superior al que cariñosamente llamaban "El Conde". Todos le querían, otros le odiaban, muchos le temían y otros le adoraban, pero siempre le tiraron en cara sus largas hibernaciones en la isla de enfrente.
El gran oso confiaba en su clan, reinaba con firmeza teléfono en mano, nunca pensó que una joven cría surgida de su manada, fuera capaz no solo de enseñarle los dientes, sino de quitarle el poder. El poderoso y fuerte oso se confió y de un zarpazo el osito le venció, apoyado por los búfalos , eternos perdedores en sus luchas contra el mastodonte, quienes no dudaron un instante en darle al joven osito las herramientas precisas para derrocar al viejo líder.
El poderoso oso se retiró incrédulo ante la jugada que la vida le había hecho e hibernó a su retiro de la isla de enfrente y allí paso algo menos de 1000 días, preparando su incursión en el gran Valle de Grandes Reyes para recuperar su gobierno que tan torpemente había perdido.
El gran oso sufrió una mutación y reapareció a la escena convertido en Ruiseñor Cantarín, hábilmente bajo otro manto en esta ocasión de color azul. Llegó al Gran Valle cabalgando sobre una linda Gaviota Blanca. Durante un tiempo los habitantes de tan rico valle no entendían la reencarnación del gran oso en forma de Ruiseñor Cantarín, no obstante muchos se alegraron y también mutaron a nuevos pajaritos.
El hasta entonces oso con cara de tortuga vividor de la comunidad, fue el primero en mutar, tenía que buscar un rincón para "sus niñas". Y si era a bordo de una Gaviota le daba igual. De aquel floreciente valle desapareció la hegemonía de los osos y apareció el poder del Ruiseñor.
De los osos fieles al Ribeiro y chimenea apenas quedó una representación donde la colección de zapatos y enchufados, se repartieron lo que quedaba del país de los osancos en la ciudad de Hospitalitis City.
Durante la larga hibernación del viejo oso ahora Ruiseñor cantarín en la isla de enfrente, el osito Judas descarriado se juntó con los búfalos y se casó con ellos, pero ese matrimonio no terminó bien, puesto que el nuevo búfalo recién mutado, mandó a tomar por saco a los búfalos viejos, y con la ayuda del Gran Padre se convirtió en jefe de Bufilandia.
Los viejos bufalos derrotados despojados del poder de bufilandia, tuvieron que huir del partido y se convirtieron en Grillos.
Vienen las elecciones y mientras que los Ruiseñores apuntaban a la nostalgia y buenos tiempos pasados para ganarse la confianza del Valle. Los búfalos peleados entre ellos, perdieron parcela de poder a favor de los nuevos Grillos que con su canto repetitivo se ganaron una parte importante de los habitantes de Valle de Grandes Reyes.
Se abre el telón y salen las urnas, caprichosas dejan un panorama complicados, los distintos clanes tenían que hacer pactos para hacerse con el poder y gobernar la gran metrópolis Challanguera.
El Ruiseñor y los Grillos se la tenían jurado al Búfalo y se unieron para controlar la gran manzana. El búfalo impostor con su corte dividida intentó aliarse con la suerte y formar equipo con los restos de osos fieles a Ribeiro, pero fue inútil, los votos viajeros no eran suyos y no les dio la mayoría.
Para evitar que los búfalos dominaran el territorio, los Grillos y los Ruiseñores se unieron, tiraron muchos voladores y se juraron matrimonio fiel durante cuatro años. Todo ello lo acordaron en una linda tarde Challangera.
Este recién formado matrimonio de conveniencia ha convivido junto, comparten mesas pero al atardecer cada uno se retira a su alcoba, ambas apartadas entre si y custodiadas por vigilantes invisibles.
El nuevo búfalo (antes oso) no encontraba la forma de divorciar al matrimonio convenido entre los grillos y los Ruiseñores Cantarines, coche arriba y coche abajo, intentó durante mucho tiempo en convencer a los recién casados de que el otro engañaba a uno y el uno al otro, pero los conyugues no se fían del joven bisonte. Ya saben que cuando era oso, de un zarpazo arrancó la mano que le dio de comer, y cuando se hizo búfalo mando al destierro a los viejos dirigentes locales de la Rosa Roja. Alguno tuvo que regresar al norte a currar.
Hasta aquí un poco de broma, una forma divertida de animar a mis paisanos gomeros, con un poco de humor sano y pícaro, aunque esta historia solo es ficción, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
Para estos personajes les envió este mensaje humorado pero que lleva su lucecita.
Para el Búfalo. Deja de echar a pelear al matrimonio, pues sabes que ninguno de los otros dos te ama, no te das de cuenta de que cada vez que hablas les unes más, porque ninguno se fía de tí, y saben que si te dan una pizca de parcela de poder, les quitas hasta los aguacates. Sigue con tu lucha de las antenas y verodales.
Para el viejo Ruiseñor. No cometas los mismos errores del pasado, soberbia, confianza y poca paciencia, ahora no es tu momento, tienes que esperar, seguir ahí discretamente, viendo como el Búfalo se esfuma lentamente envuelto por su propia sombra de parado. Mejor para tí que mande el Grillo a que lo haga el Búfalo que te mordió la mano. Si tienes paciencia y eres listo el futuro será Canto de Ruiseñor, si por el contrario te olvidas, el Búfalo te comerá de nuevo.
Para el Grillo. Lo haces bien, conforme a tus creencias, dando una lección de tranquilidad y de ideas claras, no dejes que te afecten las cartas que te echa el Búfalo, pues solo persigue tu poder. Mejor escuchar el canto de un Ruiseñor que te arrulla al rugido de un gran búfalo que te asusta.
Aquí termina esta historia inventada y que nada tiene que ver con la realidad, todo es ficción.