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Lunes, 14 de enero de 2013
El 5 de enero se cumplió el centenario del nacimiento

Telesforo Bravo. El hombre que hacía hablar a las piedras

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El hombre que hacía hablar a las piedras. Así describía Jaime Coello a su abuelo,

J. GONZÁLEZ

[Img #17971] el naturista y geólogo de Puerto de la Cruz Telesforo Bravo en una biografía publicada hace unos años.

Hace nueve días se cumplió el centenario de su nacimiento. Fue uno de los científicos más importantes del Archipiélago, que murió a los 89 años  dos días después de cumplirlos– en la misma ciudad que le vio nacer.


Telesforo Bravo nació un 5 de enero de 1913 y desde pequeño entabló una relación muy directa con la naturaleza. Martiánez se convierte en su laboratorio particular donde Bravo observaba los animales de los charcos intermareales. También se hace consciente de los diferentes microclimas de la Isla. Asimismo, apreciaba las evoluciones de las aves y escudriña sus nidos, también cogía erizos terrestres para llevárselos a su casa y estudiarlos de cerca. Desde joven combina la lectura con la fotografía, una pasión que le acompañó toda su vida.

Tras terminar el bachillerato de Ciencias en el Instituto de Canarias de La Laguna comenzó a estudiar con su hermano Buenaventura Magisterio en la Escuela Normal de La Laguna. Con la llegada de la Guerra Civil y hasta 1938 asumió la misión de enseñar a leer y escribir a reclutas en el cuartel de Hoya Fría. Después de ser destinado al frente en Madrid vuelve a Canarias y contrae matrimonio con Elena Asunción Bethencourt Acosta.

En 1946 se trasladó a Madrid para poder estudiar Ciencias Naturales que acabó especializándose en Geología e Hidrología. Un año después volvió al Archipiélago y ocupó el cargo de asesor científico en el Museo Canario de Gran Canaria. Una de sus labores más importantes es la relacionada con la hidrogeología y la geología en Canarias. Tanto fue así que llegó a ser contratado por arquitectos e ingenieros del Ejército de los Estados Unidos para realizar investigaciones hidrogeológicas en los terrenos de las bases americanas en España y sus aledaños. Poco más tarde, una empresa estadounidense le ofrece un contrato de geólogo en Irán donde permanece hasta 1959. Su misión consistía en la obtención de fuentes de agua para 30 bases creadas por los ingenieros del Ejército de los Estados Unidos. Desde su vuelta a Canarias y durante 23 años trasmite en las aulas de la Universidad de La Laguna su entusiasmo por la naturaleza y su gran humor.

Bravo realizó en el Archipiélago sus investigaciones hidrogeológicas más amplias. No había perforación para la explotación de aguas en la Isla en la que no estuviera presente. Una de sus teorías geológicas más importantes fue la de los deslizamientos gravitacionales. En 1962 observó que en las galerías de Tenerife había un material, similar a la plastilina, al que llamó flangomerado y que se conocía popularmente como mortalón. Bravo fue más allá y concluyó que en la Islas había, hace 150.000 años, un edificio con una gran cúpula central que se derrumbó formando los valles de La Orotava, Güímar y La Guancha-Icod. En 1964, el investigador americano Masson observó algo similar en Hawai y se dio la circunstancia de que se produjo una erupción con deslizamiento en el Saint Helens en 1980. Para terminar de confirmar su teoría en todo el mundo, en 1995 oceanógrafos ingleses hallan en el fondo marino de Tenerife ese material del que Bravo hablaba.

Telesforo Bravo se fue un 7 de enero de 2002 pero dejó su huella en la Isla. Varias especies animales y vegetales llevan su nombre a modo de homenaje. Un ejemplo es la Canariomys bravo (rata fósil). Asimismo, el sendero más alto de España que recorre el Pilón o Pan de Azúcar del Teide y termina en su cima a 3.718 metros se llama Telesforo Bravo en su honor.

En La Palma, donde Bravo realizó importantes investigaciones hidrogeológicas, uno de los acuíferos más importantes del Parque Nacional de La Caldera de Taburiente se llama Coebra, en honor a sus descubridores Juan Coello y Telesforo Bravo. Igualmente, en 2009 el Instituto Puerto de la Cruz pasa a llamarse Telesforo Bravo. También el Centro de Visitantes del Teide recibe su nombre y exhibe un busto en honor del naturista portuense.


Fuente: laopinion.es


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