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Juan Carlos Moreno
Miércoles, 16 de noviembre de 2016

Te miro y me enamoras

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Te miro. ¡Confieso que por un momento se me ha parado la respiración!. Ya respiro hondo y me doy cuenta que ha sido tu mirada. El poder de la mirada, lo llaman. Solo es un cruce de líneas rectas imaginarias que se proyectan desde mis pupilas a las tuyas, y que me devuelves en ondas invisibles que despiertan mi pasión, mi amor... y me transformas.

[Img #50814]Hace un tiempo leí un ensayo de John Berger, un polifacético obsesionado con las mil formas de mirar y de como se aprende a mirar. Decía que mirarse a los ojos no era solo de humanos, otros animales son capaces de quedarse mirándonos profundamente, que parece que cuando nos miran nos quieren decir algo (...) Los ojos de un animal cuando observan al hombre tienen una expresión atenta y cautelosa. El mismo animal puede mirar a otra especie del mismo modo. No reserva para el hombre una mirada especial. Pero, salvo la humana, ninguna otra especie reconocerá la mirada del animal como algo familiar. Otros animales se quedan atrapados en ella. El hombre toma conciencia de sí mismo al devolverla(...).

 

El ser humano habla con la mirada. Todos somos capaces de percibir, cuando hablamos con alguien,  si nos mira o no a los ojos, si esconde algo, si dice o no la verdad, si es limpio..., es algo que no nos engaña, o al menos lo intuimos. Los padres saben si sus hijos han hecho una trastada con solo preguntárselo, mirándolos a los ojos; puedes ver una mirada distinta cuando el amor de tu pareja ya no es el mismo. Los ojos, la mirada son el reflejo del alma. Cuando el alma quiere hablar lo hace mirando a los ojos.

 

Hay miradas fugaces; esas que te encuentras en una esquina, cuando alguien te mira a los ojos y por un segundo eres capaz de seguirla, que te cuesta bajar la mirada, pero continúas caminando... Hay otras miradas de complicidad, otras que te dice que si, y otras que te dicen que no. Creo que antes de que el hombre aprendiera a hablar con la boca ya se comunicaba y se hablaba con la mirada.

 

Berger dice que (…) Cuando la mirada es entre dos hombres, el lenguaje establece un puente entre los dos abismos. Aun cuando el encuentro sea hostil y no se utilice palabra alguna (aun cuando hablen lenguas diferentes), la existencia del lenguaje permite que al menos uno de ellos, si no los dos, se sienta confirmado por el otro. El lenguaje permite al hombre contra con los otros como con él mismo. (…)

 

Hoy vemos que se huye de mirarse. Hablamos mientras tenemos la mirada clavada en un móvil, o mientras miramos el televisor... nos hablamos por textos escritos; no nos estamos mirando. Nuestra sociedad puede llegar a no saber el lenguaje de las miradas, a que nos asuste cuando alguien nos mire a los ojos.

 

 Yo no sé que creen ustedes pero debemos reivindicar el mirarnos y que nos dejen hacerlo más. Descubrir miradas. Esas que parecen que te susurran, que te dan vida, que te mueven algo por dentro, que te dan energía y te alegran el día.

 

Pues eso... de que si nos vemos aguantemos una mirada.

 

 

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