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Lunes, 10 de abril de 2017

Amistad civil frente a la crispación

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España necesita estabilidad, sosiego y sobre todo pragmatismo.En definitiva recuperar músculo civil y acabar con la agresividad como instrumento político.Es hora de dar la espalda a tanta demagogia hueca y a los personalismos que anteponen sillones e incluso “ modus vivendi” particular al bien común.

[Img #54288]José Luis Poyal Costa. (*) ASSOPRESS

 

Hace 2.400 años  Aristóteles advertía ,en sus reflexiones políticas, de la necesidad de alentar una “amistad civil” como principio para la convivencia política, consistente en la benevolencia recíproca fundada en la concordia. Y hay concordia, según Aristóteles:”cuando los ciudadanos se ponen de acuerdo sobre las cosas que les convienen y los políticos sirven”.


Parecen muy distantes las recomendaciones aristotélicas a la luz de las experiencias recientes que han estado a punto de empujarnos al precipicio.


Quizás los resultados del 20D  nos han evitado lo peor ,pero el camino hacia una mínima estabilidad y convivencia está siendo muy tortuoso. Falta normalizar el ambiente de crispación para facilitar los pactos, sin vetos y dedicar atención prioritaria a los problemas reales de los ciudadanos. Se hace cada día más urgente que un Gobierno responsable hable a los españoles de la situación de las pensiones, de su viabilidad , soluciones y garantías. Con la misma claridad hay que exponer los resultados de la gestión de la sanidad, de la educación y de las políticas asistenciales y todo ello sin contaminación ideológica. Los ciudadanos están exigiendo que estas cuestiones capitales no sean objeto de la pura confrontación partidista sino puntos básicos y consensuados para su permanencia  en un Estado de servicio.


Se están prodigando las llamadas a la responsabilidad, e incluso se eleva el tono invocando un olvidado patriotismo, para que las fuerzas políticas se pongan de acuerdo para facilitar un Gobierno que dé voz institucional a la oposición.


Los tactismos todavía parecen ser más determinantes que todas otras motivaciones, olvidando que España está en un momento crucial de su historia.Atenazada por el independentismo y un populismo mezcla de leninismo y del chavismo caribeño.Y todo ello en una situación de tremenda crisis internacional, de un colapso financiero con cifras bimillonarias de euros además del revuelto Brexit.

Hace unos días la presidenta del Congreso “ reconvenía”al diputado de  Podemos ,Diego Cañamero, por “intimidar”al ministro de Justicia. En el Congreso ya están demandando la mayoría de los grupos, poner coto a la agresividad verbal y técnicas de amedrantamiento que están dominando el debate político.


Nuestro hombres públicos han optado por el insulto sistemático, la descalificación total. Algunas de estas afirmaciones pueden comprobarse echando una ojeada a las redes sociales; determinadas reacciones producen auténtico bochorno respecto al nivel de degradación civil y da la sensación de que colectivamente estamos perdiendo elementales principios éticos.


También la violencia verbal se ve favorecida por ese tóxico adormecimiento de gran parte de la opinión pública, que aguanta carros y carretas sin censurar ni revolverse contra esa actitud de hacer campañas , con mentiras incluidas, utilizando el combustible mediático como acelerador.

 

(*) Periodista. Historiador. Profesor Universitario

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