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Rafael Zamora Méndez
Lunes, 24 de julio de 2017

Un partido con historia

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Y... no nos referimos a las desoladas secuelas de algunos que otros acreditados partidos políticos, sino, a un memorable encuentro futbolístico que, allá, por los cumplidos años 50, se llevara a cabo en el castizo campo de “San Juan”, deportivamente ubicado en una muy conocida y ventosa zona de Valverde, de nuestra fraternal isla de El Hierro.

[Img #56714]Pudo bonitamente, haber sucedido en cualquier bello rincón de La Gomera, allá, por los añorados predios del buen amigo Fragoso, en las verdes campiñas de Agulo, por el encantado Vallehermoso, la floreciente Hermigua o, por la mismísima heredad del tan renombrado territorio de Chipude.


Muchos serán, cuantiosos, los buenos amigos lectores que, ante el afable hecho que voy a describirles tal vez, con cierta sentida añoranza, de seguro, intentarán recordarlo para esbozar un amplio y dilatado guiño evocativo, debido a la ingente singularidad de aquel famoso evento que ya, nunca más en la existencia, tendremos la viable posibilidad de volver a renovarlo, puesto que, muchos de sus característicos protagonistas, eternamente, para siempre jamás, ya han sido traspasados hasta ese misterioso y recóndito borde del inquietante más allá.


Aquel, fue un doliente y entristecido período en el que la nutrida juventud pasó un pavoroso cúmulo de penetrantes privaciones, todas ellas, completamente fuera de lo corriente y normal.


La energía eléctrica, se suministraba, poco más o menos, al mismo tiempo en que caían los postreros resplandores de la tarde, media aguantándose... hasta la media noche en punto y, después de haberse recibido las amortiguadas contraseñas de unas tres rápidas interrupciones que, sin más, declaraban su cotidiano acabose.


Para poder captar las narraciones radiales en ciertos importantes lances de balompié que, por regla general, se emitían a precoces horas vespertinas, se solía efectuar una financiera colecta, cuyos beneficios iban íntegramente a parar a manos del afortunado ser que poseyera un simple motor eléctrico, capaz de facilitar el tan apetecido objetivo.


¡Qué pomposa gozada, atendiendo la bizarra voz del inconmensurable Matías Prast, (padre), una perspicaz humana pirámide capaz de inflamar ánimo, coraje, bravura e incontenible emoción cuando, con sus extraordinarias descripciones,vociferaba los valiosos goles de la Selección Española o elogiaba, casi sin respiro, los fantásticos paradones de Ramallers, Zubizarreta o Arconada!


Había, existía un delirante apego hacia el citado entretenimiento, y es por ello que, un servidor mismo en persona que conste,sin ningún tonto asomo de tomadura de pelo, ni mucho menos de burlona tolerancia, tuvo la temeraria ocurrencia de organizar un distraído encuentro entre dos inauditos conjuntos, con la única y prerrogativa idea de que todos probáramos franquear unas placenteras horas de risueño y módico solaz.


Existían valorados artífices que, en esto del redondo balón, resultaban ser unos legítimos artistas, entre los que sobresalían los herreños hermanos, Amadeo y Ramón Ayala Álamo; el maestro y sagaz buen entrenador, Francisco Perera, los diestros hermanos, Francisco y Domingo Expósito, Teófilo Padrón, Claudio Burgos, Fonte, Pérez, Plasencia, Marrero, y, una pléyade de arrojados meritorios principiantes que llegaron a fundar los tres primeros equipos de la Isla, con los ostentosos nombres de C D Estrella, U D Valverde y C D Armiche.


Tomando como estable base a once de los más destacados jugadores de este competitivo trío oficial, se formalizó un inverosímil embate, quizá, único y exclusivo en la Historia, al que asistiera, a pesar de haberse celebrado en un laboral martes, una abarrotada cantidad de público, tras la deseosa búsqueda del más sano, puro y vehemente recreo.


Para ello, durante un determinado tiempo, en las primordiales esquinas de nuestras vitales calles, bares y negocios, se habían colocado unos enormes cartelones, todos ellos elaborados en desplegados metros de papel –“vaso” que, con el correspondiente visto bueno de la competente autoridad, en aquella ocasión, representada con la delegada firma del que por tantos años fuera nuestro presto Alcalde, el recordado, D. Juan Sánchez de la Barreda y, en los que se anunciaban las correspondientes alineaciones porque, el caso fue que, conseguimos agrupar a unos campechanos adversarios, los más significativos de toda la comarca por sus características especiales de concisa sencillez, ingenuidad, candidez y que hoy, no creo sea necesario pretender nombrárselos para así, no herir posibles susceptibilidades, aunque sí creo preciso el describirles que, como peligroso delantero centro, figuraba nada más y nada menos que mi considerado y servicial amigo, PERICO, aquel notorio protagonista de cenceña frente, amplias cejas pobladas y capaz de zapatearnos todo un convulsionado charlestón, a lo Geny Kelly, por el simple pago de una rebosante copa de vino.


El trafagado movimiento resultó ser todo un notorio trabajo artesanal de primera calidad: Agraciadas señoritas, ataviadas con los significativos trajes de la Cruz Roja; atentos y presurosos camilleros, primeros auxilios, redactores, fotógrafos,periodistas y... mi menda, frente a un desnudo palo de escoba, con una vacía lata de sardina clavada en su punta, haciendo el hilarante papel de micrófono, relatando a grito pelado, todas las inquietantes incidencias del milagroso choque.


Al final de cuentas, todo se redujo a un simple y merecido empate, muy a pesar de que se les regalaron sendos penaltis a los más débiles que, ni a cañonazos, fueron capaces de transformar en goles!
¡El entero partido!, Los entendidos en marcar goles, dejaron de hacerlo, dándoles la piadosa oportunidad a aquellos queridos héroes que, en la gloria de los humildes, supieron transcurrir por nuestra existencia, dejándonos la crecida huella del más tierno y notorio realce específico.


¡Intérpretes que, como susceptibles niños, ante nuestros ojos, tuvieron en lo recóndito del alma, la más crédula sonrisa de suprema sencillez y encubierta sumisión!

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