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Isla de La Gomera
Domingo, 10 de septiembre de 2017
EL HUPALUPO DE LA TRADICIÓN ORAL

Hupalupo Sigue Vivo En Los Barrancos Gomeros

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Treinta y ocho décimas componen la versión que sobre La muerte de Hernán Peraza hemos tenido la dicha de estudiar. Su denominación como «Romance Gomero», se origina, con gran probabilidad, por la coincidencia de que tanto el romance como la composición a base de numerosas décimas, además de referir acontecimientos históricos, están conformadas por un número variable de palabras o versos.

[Img #57512]El origen de las diversas variantes que fueron «sacando» los poetas populares gomeros, no es otro que las coplas de tambor que durante siglos cantaron sus antepasados. Como casi siempre suele acaecer, el relato oral es más bello, amplio, cotidiano, atractivo, interesante e inocente que el que nos han ofrecido algunos historiadores primitivos (Abreu Galindo, Tomás Marín y Cubas...). A Marín y Cubas le fue mucho más fácil liberarse de la ajusteza y rigidez a que nos tienen acostumbrados la casi totalidad de los tratadistas de la historia.


Nuestra voluntad no va encaminada a realizar un estudio estricto y riguroso de la obra. Entendemos que ofrece una notable cantidad de elementos literarios y sustanciales que pueden atraer a diversos especialistas. Nos ha llamado poderosamente la atención las hermosas figuras escénicas que condiciona su personaje principal: el viejo sabio Hupalupo, agente esencial en el seno de las sociedades pastoriles y patriarcales, caracterizadas, entre otras, por el respeto a los ancianos, quienes participaban —junto al líder o jefe— en los asuntos relacionados con la administración de la justicia y de los diferentes bienes.


En la décima que nosotros hemos diferenciado con el número 9, se acrecienta la importancia social de Hupalupo. Es también un hombre de la religión (de 'fe santa') que con fines propiciatorios realizaba libaciones de leche en las «montañas santas». Ese ritual lo encontramos en toda el África Beréber (a la que pertenece Canarias) pero el dato es bastante novedoso para la isla de La Gomera. Como en otros lugares del área geográfica antes mencionada, aparte de señaladas montañas, también fueron objeto de culto algunos roques, cuevas y árboles. En determinados momentos del año acostumbraban a hacerse peregrinaciones y romerías hacia los lugares santos. El mismo Rene Verneau durante su estancia en la Isla (a fines del siglo XIX) recogió la estampa que a continuación referimos, relacionada con lo que estamos contando:


«... Pero lo que más me chocó no fueron los cantos un poco picantes y el estado de embriaguez de ciertos fieles, pues ya estaba acostumbrado a ver estas cosas allí y sabía que en Canarias las fiestas religiosas son casi siempre un motivo para cometer excesos, sino esa costumbre de ir en procesión a las montañas. Ya he dicho que los antiguos habitantes iban a los lugares más altos para dedicarse a sus prácticas religiosas. La gente de Agulo parece haber conservado algo esa tradición. Después de la misa van a visitar los sitios escarpados que servían de templos a sus antecesores guanches. Es verdad que ellos ignoran hoy el origen de esta costumbre, pero, para mí, sólo veo en ella una herencia de los antiguos insulares, que les dieron también el gofio de raíces de helecho, la miel y el vino de dátiles, y la lengua silbada. Si se pule un poco al habitante actual de La Gomera se verá aparecer al guanche»


También es aborigen la costumbre de acudir a enclaves diferenciados con la intención de discutir decisiones de sentido religioso, social o político. Hupalupo y sus acompañantes se trasladan a la Baja del Secreto a fin de tramar la muerte del Conde para «Librar a La Gomera de ser sus hijos esclavos».


Existe notoria diferencia entre un roque y una baja. El roque es más alto. En la baja el mar «barre» sin permitir el crecimiento de planta alguna. Por eso la reunión tuvo lugar allí. Tal como se comenta en el «Romance», lo que se habla en la tierra se filtra como el agua: «y la tierra es hembra y pare» Esa hermosa e increíble figura literaria —no nos importa que sea real o imaginada— también es beréber. Lo que se pretende reflejar es el enorme sigilo y cautela con que se llevó a término la conspiración para acabar con la vida del avasallador Hernán Peraza. Hasta el punto de que planteada la más mínima duda de que se supiera, Hupalupo no duda en matar a su propio hijo. Es muy probable que esa cruel estampa sea también otra figura literaria, mediante la cual se da a entender que ante la humillación y el vasallaje existe el ineludible «deber sagrado» (son palabras de Hupalupo) de defender el honor de la raza.

[Img #57513]
Según la versión escrita del cura Abreu, Hupalupo «murió de pesar» muy poco tiempo después de que Hautacuperche atravesara con su astia a Hernán Peraza. Sin embargo, en la hermosa conseja oral que poseemos, está presente hasta los momentos finales de la Historia que se cuenta. Y hasta interviene con la intención de salvar a sus allegados de la cruenta venganza de Pedro de Vera, sacándolos fuera de la Isla en barcazas hechas con foles de machos cabríos.


Corresponde a un procedimiento de navegación practicado en Canarias en los tiempos más antiguos. Hay leyendas como la de Gara y Jonay en las que se incide en ello, y se dice que fue una mujer de La Gomera que viajó a El Hierro, «nadando entre dos odres llenos de aire», quien enseñó a los herreños el fuego. El Dr. Juan Bethencourt Alfonso (1847-1913) en su lúcida y magnífica obra: La Historia del Pueblo Guanche, habla de consejas recogidas en Tenerife, escuchadas a viejos pastores, alusivas a viajes entre Tenerife y las islas de La Gomera y Gran Canaria. Y es más, en el citado trabajo, que triste y desgraciadamente permanece inédito, el viejo sabio del Sur de Tenerife informa, inclusive, del procedimiento que los guanches seguían para construir sus curiosas embarcaciones de odres o foles de machos.


Se cuenta que Iballa y los que con ella huyeron, navegando encima de los foles, fueron recogidos por un pastor:


«Ya que años largos vivieron

y muchos hijos tuvieron

de un proceder muy honrado»


añadiendo a continuación que Hupalupo se lanzó al abismo. La primera parte es una linda imagen oral que sirve para orgullosear una vez más la gran verdad de la pervivencia de la raza y la cultura aborigen. La costumbre del desriscamiento es característico de pueblos pastores: las cabras y sus dueños se tiraban al precipicio antes de perder su libertad. Estampas como ésas son pródigas, y sumamente ejemplificadoras, en las páginas de la historia más antigua de Canarias. Así también lo entendió el poeta oral, creador del «Romance»:


«Allí su vida acabó,

pero no acabó en la historia

y su bondad fue notoria,

sabio de naturaleza,

y  en pago de su grandeza ',

Dios lo recogió en la gloria».

 

[Img #57514]

Aunque Hupalupo feneciese al poco tiempo de hacerlo Hernán Peraza, tal como nos dice Fray Juan Abreu, existía entre los guanches la creencia de que los antepasados «entre ellos (los vivos) se quedaban». Expresaba el Profesor D. Juan Álvarez Delgado en una magistral conferencia impartida hace ya unos cuantos años que los tuareg a las almas de los muertos las llamaban «I-mache» y los guanches «macho». En La Gomera han seguido denominándose «machales». Allí existe la Cueva de los Machales, la Playa Machal y el Barranco Machal .


Con gran probabilidad, lo que se quiere hacer resaltar en el «Romance» es que el comprometido espíritu libertario del viejo sabio gomero fue el estimulante que hasta los últimos instantes acompañó a los insometidos hijos de una tierra que es hembra y pare.


Haciendo nuestra la comentada creencia, Hupalupo —que es símbolo de libertad para todos los canarios— sigue vivo, silbando y recorriendo los barrancos de La Gomera, como continúa haciéndolo el jinete descabezado que únicamente ha sido capaz de contemplar y transmitirnos la tradición oral. La misma que nos ha narrado lo de las prolongadas y animadas bodas del campo, así como lo del ritual de las hogueras y la prodigiosa escena de ver bailar el sol la mañana grande del solsticio del verano. Fiesta ancestral que se remonta a los tiempos más antiguos y que la Iglesia Católica aprovecharía para situar la moderna festividad de San Juan.

 

La Rebelión de Los Gomeros y La Tradición Oral. Colectivo cultural “Valle Taoro”. 1987.

 

 

 

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