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Domingo, 26 de noviembre de 2017

El Intento de conquista de La Gomera por parte de Portugal (Siglo XV)

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Hoy vamos a comentar un hecho que pudo cambiar la historia de La Gomera para siempre y que explica por qué está isla pertenece actualmente a España y no a Portugal, y por qué los gomeros hoy en día hablamos castellano y no portugués.

Estamos refiriéndonos al intento de conquista de La Gomera que hizo la corona portuguesa en la prmera mitad del siglo XV. Es un acontecimiento histórico importante para nuestra Isla porque va explicar en gran parte la enorme influencia cultural portuguesa en La Gomera: el léxico de nuestro lenguaje (peje, fechar, espirrar, etc), la enorme cantidad de apellidos portugueses que tenemos (Bento, Coello, Ossorio,etc), los topónimos o nombres de lugares de origen portugués, la arquitectura doméstica insular, etc. Ya en otra nota anterior titulada "Tazo: La Primera Entrada Del Cristianismo En La Gomera" (buscar en las notas de la página) habíamos comentado como los portugueses fueron los primeros introductores del cristianismo en La Gomera (y no los castellanos). En definitiva, hay una importante influencia portuguesa en La Gomera que tiene sus orígenes en el episodio histórico que vamos ahora a narrar.


Hacia finales del año 1424 o principios de 1425 apa­rece en aguas canarias la más importante y trascendental expedición que nunca Portugal enviara a Canarias. Hasta la fecha, Portugal siempre había respetado la soberanía de Cas­tilla sobre las Islas Canarias. Doce carabelas, capitaneadas por Fernando de Castro, marino portugués, transportando 2.500 hombres y 120 caballos, se presentaron ante la Isla de Lanzarote, pero no la atacaron, dirigiéndose inmediatamente a Gran Canaria, donde es rechazado por los aborígenes canarios.  A los portugueses les urgía entonces posesionarse de una de las Canarias, y en La Gomera creían lograr (de forma equivocada como ya veremos) sus deseos más fácilmente: era isla corta en ex­tensión y con defensas más débiles que las de la Gran Canaria. El desem­barco en esta isla fue por el puerto de "Hipare", identificado por Álvarez Delgado por la "ensenada cercana a los Roques de Argiiamul en el distrito de Vallehermoso, al Norte de la llamada "Punta del Peligro"y al Oes­te de los Organos".

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Playa de Arguamul (Vallehermoso). Posible lugar de desembarco de los conquistadores portugueses.


El episodio de los portugueses en La Gomera lo recogen los historiadores canarios en estos o parecidos términos: desembarcaron en la Isla por el lugar que hemos señalado, inmediatamente acudieron los in­dígenas gomeros a defenderla, provistos de los escasos medios con que contaban, pero empleándose con toda la bravura y coraje de que eran ca­paces.


Según Abreu y Galindo, los antiguos habitantes de La Gomera,"cuan­do andaban de guerra, traían atadas unas vendas por la frente, de junco mo­jado tejido, teñidas de colorado y azul, el cual color daban con un árbol que llaman "tajinaste", cuyas raíces son coloradas, y con la yerba que se dice "pas­tel", con que dan color azul a los paños".


El primer enfrentamiento entre los portugueses y los antiguos gomeros pudo producirse en el mismo Arguamul. El canónigo José Trujillo Cabrera nos lo relata asï: "Entablada la lucha en un terreno pronunciadamente accidentado, de enormes declives y precipicios imponentes, cuyos obstáculos constituían para los naturales auxiliares eficaces, pero barreras infranqueables para los invasores, tuvieron éstos, sin embargo, la suerte de dar muerte de en­trada, con la consiguiente desmoralización de los defensores, a un herma­no del jefe cantonal, llamado Amaluige, remitiendo entonces la fiereza ini­cial de los naturales, con la que encontraron los portugueses más facilidad para penetrar territorio adentro".


En efecto, los portugueses consiguen avanzar tierra adentro, a través de las lomas de Tazo y Alojera, para luego llegar a Arure. Pero sin darse cuenta los invasores portugueses habían caído en una trampa tendida por los antiguos gomeros. Éstos concientes de su inferioridad echaron mano de la astucia ya que en el cuerpo a cuerpo hubieran salido perdiendo. Los portugueses se vieron de pronto cercados y redu­cidos a la impotencia en la "Fortaleza" de Chipude o "Argodey" como la llamaban los antiguos gomeros.

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Fortaleza de Chipude (Vallehermoso).Fortaleza de Chipude (Vallehermoso).


Una vez que los portugueses son derrotados en Chipude, el jefe o "rey" gomero llega a un trato con los invasores y son perdonados. Dicen los cronistas que no sólo fueron los portugueses perdonados, si­no que luego vivieron juntos vencedores y vencidos por algún tiempo, en paz y concordia, que se intercambiaron presentes y que muchos gomeros fueron bautizados y convertidos al cristianismo. Cuando Fernando de Castro, marino portugués que dirigía la expedición, se ausentó de La Go­mera, dejó en la Isla un sacerdote que le acompañaba para que acabara la conversión de sus habitantes. "Este clérigo murió pronto", según Abreu y Galindo; pero para Torriani, "prevaricó, se hizo idólatra y se casó con una indígena".


En la Fortaleza de Chipude o  "Argodey" hubo un pacto, una alianza entre vencedores y vencidos, por la cual éstos últimos podían establecerse en la Isla, como lo hicieron de hecho desde entonces los portugueses. Desde entonces Portugal mantendría un lazo de amistad con La Gomera. José Trujillo en su libro "Episodios Gomeros Del Siglo XV" nos dice que "La parte de la Isla ocupada por los lusitanos fue la del Norte, concre­tamente la de Vallehermoso y Hermigua, con influencia en el sector de Arure, puerta de entrada de la cristianización de la Isla. Ahora, con los portugueses, empiezan a destacar su personalidad los sectores de Agana y Mulaga, Vallehermoso y Hermigua, respectivamente. Todavía, inactivo y como cubierto por un velo, permanecerá por algún tiempo más el de Ipalán, igual a S. Sebastián".


Para demostrar el grado de amistad existente entonces entre los gome­ros y los portugueses, citamos el caso de dos indígenas gomeros, llamados Bruco y Piste, jefes de tribu o clan, que fue­ron invitados por los portugueses a viajar por Europa, visitando, entre otros países, los reinados de Castilla y Portugal. Ellos mismos declararon luego que había estado en la casa del Rey de Castilla y en la del Rey de Portugal, pero que ninguno de ellos les habían concedido tantas atencio­nes y mercedes como los portugueses.


Pero donde más se hizo notar la influencia portuguesa entre los antiguos gomeros fue en lo religioso. Las primeras edificaciones cristianas de La Gomera fueron hechas por manos portuguesas. En Tazo se levantó una ermita bajo la advocación de Santa Lucía -primer ermita de la Isla-, en Arure contruyeron otra más y en Hermigua, en su playa, se cree que pudieron edificar una antigua ermita en honor a Santa Catalina. Muchos portugueses no volvieron jamás a su país, se establecieron en La Gomera como colonizadores, casándose con indígenas. Quizás los antiguos gomeros les pudieron dar tierras y mujeres a cambio de un intercambio comercial con su país. Pudieron quizás establecerse en la zona occidental de la isla, en Alojera, y ello explicaría la gran cantidad de apellidos portugueses que existen en ese pueblo hoy en día. Otros en Vallehermoso y Hermigua, que unido a la posterior establecimiento de portugueses en los siglos posteriores, nos legarían ,además de apellidos como Barroso por ejemplo, nombres de lugares (Los Aceviños se escribe con "v" igual que en portugués -con "b" en castellano-), numerosas palabras de nuestro habla (enchumbar, maresía, engodar, etc) y una importante herencia arquitectónica en la forma de hacer las casas cuyo máximo ejemplo podría ser lel casco urbano actual del pueblo de Agulo.


En resumen, la causa por la que los portugueses no pudieron anexionarse La Gomera y su fracaso militar en la isla se la debemos a los antiguos habitantes de La Gomera, que haciendo uso de una gran astucia lograron derrotarlos. Pero gracias a esa invasión, se producirá un sincretismo cultural entre europeos y gomeros que va desde los religioso hasta las costumbres o la nueva forma de edificar las casas. En definitiva, un importante acontecimiento histórico que merece la pena ser conocido.

 

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