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Isla de La Gomera
Lunes, 25 de diciembre de 2017

Grandes Gomeros: Doña Guadalupe Niebla

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Resumir en una página lo que Guadalupe ha sido y ha hecho durante sus 84 años de trabajo, se me antoja algo muy difícil y pienso que tanaina lo conseguiría, por eso permítanme, resumiendo mucho, hacer un pequeño recorrido por su dilatada y laboriosa vida.

[Img #59580]Guadalupe Niebla nace en El Cercado en el año 1912, en el seno de una familia muy humilde y da tradición alfarera, pues su madre, sus tías y su abuela, de quienes aprendió, trabajaban también este bello y milenario oficio.


Hija de Juan Niebla y de Rosario Chinea, pasa su infancia amasando el barro y descubriendo con ello sus muchos secretos, como pueden ser; los tipos de barros de la zona y los barreros donde se ha de ir o buscar, asunto este, de una vital importancia para la formación de un alfarero; también la selección de los desgrasantes o tierras más bastas y arenillas que se mezclan para fortalecer las piezas. O sea, parte tan importante que es la elaboración (en la que intervienen gusto, talento, practica y cariño); El Almagrado, pintado que se le da a la pieza después de hecha con barros de otros colores; El Bruñido, en el que se alisa la superficie de la loza con un callao; y por último el secado y el cocinado, remate final de la obra.


Con estos años de aprendizaje consigue las bases de lo que años más tarde, sería la fama y el prestigio del barrio, tal vez, de más tradición alfarera de Canarias, no olvidemos que por los años treinta, como me decía su hija Rufina cuando le preguntaba para este artículo, habían en El Cercado más de doce hornos y otras tantas familias, dedicadas a surtir las necesidades alfareras de la isla.


Así transcurre su infancia y su juventud hasta los 19 años, edad en la que contrae matrimonio con Ramón González Chinea, en Chipude, 1930.


De este matrimonio nacen nueve hijos, con seis hembras y tres varones; Ulalia, Rufina, Ramona, Victoria, Guadalupe, Eliseo, Fortunato y Ramón, es a partir de ese momento cuando continúa la travesía por el mar de la artesanía alfarera, sola y por su cuenta, en cuyo trabajo colaboran todos sus hijos, sobre todo en la búsqueda, preparado y amasado del barro, en el acarreo de la leña, así como en otras actividades que rodean el arte de las loceras.


Cuando la loza estaba acabada y preparada para ser vendida, Guadalupe salía con algunas de sus hijas, caminando y cargadas de piezas, en su mayoría tiestos y tallas, que eran las que más les solicitaban, a otros pueblos como: Hermigua, Vallehermoso, Valle Gran Rey, San Sebastián, etc. para cambiar los tiestos y tallas, por productos de necesidad y que ellos no tenían: granos, pescados, verduras y otros, produciéndose el famoso "trueque" que llamaban, y que al regreso serviría de gran ayuda para el sustento de la numerosa familia.


En la actualidad solo Rufina  y algunas de sus hijas continúan la tradición y el camino de la que fue, sin duda, la alfarera más popular de La Gomera.


Guadalupe es el hilo entre hoy y el pasado, que nos permite a lodos disfrutar de parte de la identidad de nuestro pueblo, ella supo conservar lo nuestro, aunque, con toda seguridad, le fue muy difícil, debido a la invasión de cerámica forastera que está entrando en las islas, con el ya conocido "Recuerdo de La Gomera", y que tanto daño hace a nuestros artesanos, obligándoles a realizar lozas de tamaños reducidos, para competir, con el consiguiente deterioro y perdida de lo auténtico.


Para concluir tengo que decir que Guadalupe Niebla Chinea, descendiente directo de nuestros antepasados los Guanches, fue y vivió como una mujer sencilla, dedicada por entero a su trabajo, lo que le llevó a gran número de ferias, dejando por donde quiera el buen quehacer de La Gomera. Sin embargo nadie reconoció su entrega, ni premió su trabajo, cuando lo necesitaba y sólo al final se le hizo el merecido homenaje, (1995).


iGuadalupe Niebla! has sido, en La Gomera, la continuadora de una de las manifestaciones culturales más antiguas de la humanidad, por eso nunca morirás y tu recuerdo y tu arte lo tendremos siempre entre nosotros.

 

Autor: Tanagua Hernández Ferrer. Año 1997.

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