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Isla de La Gomera
Sábado, 6 de enero de 2018

Fiesta Por La Inauguración Del Pescante De Agulo (Abril De 1908)

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De regreso de Hermigua y después de un magnífico almuerzo con que fui­mos obsequiados en la casa de don Leoncio Bento, nos dirigimos al pes­cante para asistir al acto de la inaugu­ración solemne. El largo y accidentado camino que conduce al pescante se ve lleno de gente que, dando muestras de gran sa­tisfacción, acude presurosa á la cere­monia.

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Pescante de Agulo

 

Abajo, en las inmediaciones del pes­cante, la concurrencia de hombres y mujeres es enorme, haciéndose casi imposible el acceso al salón de res­guardo de mercancías y descanso de pasajeros.

 

En el desembarcadero, totalmente invadido por la concurrencia, en la que figuran muchas señoritas, se haya la banda municipal de La Laguna, que ameniza la fiesta, tocando alegres valses acompasados por las olas que baten en los pilares del pescante.

 

La tarde es luminosa, de áureas y brillantes tonalidades. La mar, ador­mida y diáfana, sirve de marco al poé­tico cuadro en que se dibujan con sus trajes blancos y rosados y sus cabelleras rubias y castañas, adornadas con flores, tentadoras figuras de Venus campe­sinas..

 

A lo lejos, el Teide, atalayando los horizontes eleva su gallarda silueta limpia de nubes, sobre el fondo plomi­zo de la lejanía.

 

En el puerto se ven cuatro vapores fruteros, perfectamente engalanados, que se han reunido allí por orden de los Sres. Wolfson y Hamilton para dar mayor realce á la ceremonia.

 

El cura del pueblo, un rollizo pater de senda casulla y anticuo bonete, en­tra, hísopo en mano, en el pescante, y se procede á la bendición.

 

Momento culminante. La música en­tona la marcha real.

 

Los vapores saludan con sus boci­nas.

 

Cohetes voladores atruenan los ám­bitos.

 

Se oyen vivas y por todos los sem­blantes se esparce, copioso, el júbilo, llenando los pechos de alegría.

 

Terminada !a ceremonia religiosa, oímos que un viejo octogenario le de­cía á otro, con voz queda y temblorosa:

 

—Paisano, ya llevaremos que contar....

 

Refrigerio y discursos

 

Los invitados pasamos luego al salón de marras, que se halla repleto de pú­blico. Allí se sirve á todos un abundante refrigerio de vinos, licores, cerveza y además toda clase de pastas, dulces, embutidos, etc.

 

Los señores Bento, Carrillo, Caña­das y demás organizadores de la fiesta obsequian primeramente á las señori­tas y luego á los demás invitados y mú­sicos de la banda municipal.

 

Después, señor Ascanio (D. Fran­cisco), maestro de escuela y Secretadlo de Agulo, pronuncia el discurso que á continuación publicamos y que el pú­blico interrumpió con aplausos.

 

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El teleférico del Pescante de Agulo.

 

Policarpo Niebla, director de La Opinión, contesta al señor Ascanio dándole las gracias por los elogios que hacia de los periodistas y expresando también la gratitud imperecedera de los tinerfeños allí presentes por las grandes atenciones de que estaban sien­do objeto.

 

Felicita á Agulo por sus notables adelantos, por su patriotismo sincero y su cultura admirable, y termina haciendo votos porque los demás pueblos, unidos por los mismos desvelos é idea­les, le imitasen en su progresiva y loa­ble labor.

 

El discurso elocuente del señor Nie­bla es calurosamente aplaudido.

 

Después el que esto escribe habla también en nombre de la prensa para dar igualmente las gracias á aquellos hospitalarios vecinos y para felicitarles por la importante empresa que habían realizado.

 

Nosotros, dijo, no hemos venido, como casi todos vuestros visitantes á pe­diros votos: venimos á traeros un abrazo de paz y fraternidad de Tene­rife, á estrechar los vínculos de una unión perdurable y fecunda, á com­partir con vosotros las alegrías del acontecimiento memorable que estáis celebrando.

 

Les alentó luego á combatir el caciquismo y á imitar el ejemplo de cuan­tos dieron su vida por la gloria de esta hermosa tierra.

 

Mañana nos vamos, terminó diciendo, pero dejo entre vosotros mi alma canaria prisionera de vuestra exquisita cortesía y de la gracia incomparable de vuestras bellas mujeres.

 

Seguidamente Diego Crosa, inspira­do como nunca, canta las bellezas de la tierra gomera, elogia la fiesta que acababa de celebrarse y tiene también frases de encomio para el patriotismo de los hijos de Agulo.

 

Terminó ponderando las ventajas de la unión entre los pueblos y luego da lectura á una poesía improvisada la no­che anterior, que el público premia con grandes ovaciones.

 

Un poeta del pueblo

 

El señor Ascanio anuncia que va á leer una poesía de un modesto hijo del pueblo, de Nicasio León, vecino de Hermigua.

 

La concurrencia la escucha con religioso silencio y al final tributa aplausos á su autor.

 

La poesía acusa un sano patriotismo que vale más que las bellezas litera­rias, muchas veces sin alma ni calor de sentimientos.

 

Dice así:

 

Mi torpe y pobre musa, engrandecer quisiera,

lo que el pueblo de Agulo merece en este día;

merece que digamos, no lo hay en la Gomera,

tan patrio y entusiasta, tan fuerte en la porfía.

 

Merece que gritemos, viva entusiasmo tanto;

merece se repita, sin torpe disimulo,

que vivan los patriotas, que con su fuego santo,

enaltecen los actos progresivos de Agulo.

 

Ayer un solo hombre, con ímprobo trabajo,

se impuso el primer paso de avance en el progreso;

y empieza un serio estudio, pero un estudio bajo

las reglas fijas, propias, del arte con exceso.

 

Constante en la porfía, constante en su saber,

explica á sus vecinos, e¡ agua en abundancia,

en todas vuestras casas, con activa constancia,

por veinticinco duros, os ofrezco poner.

 

Así lo llevó á cabo. El agua cristalina,

serpentea en el pueblo, con su constante higiene,

y desde el pobre al rico, todo el mundo la tiene,

debido á los esfuerzos del hombre que se fina,

por traer á su pueblo, lo que al pueblo con­viene.

 

Más tarde demostrando lo que este pueblo es,

instalan el teléfono, y avante, siempre avante

como los pueblos cultos; no se arredran, no obstante

los gastos excesivos, que causan escasez.

 

Todavía valientes, arrostran otra empresa,

y dicen todos, todos, adelante, adelante,

á inaugurar la obra, la obra de un pescante,

aunque haya, para ello, que agotar nuestra fuerza.

 

Y es claro, un pueblo amante, amante de su gloria

grita con entusiasmo: el querer es poder

Venga nuestro pescante, que lo queremos ver

funcionando en el año; el año que en la his­toria,

sus páginas escritas se dudarán creer.

 

Y hoy que terminada queda su hermosa obra,

y llenos de entusiasmo la inauguran dichosos,

gozan de los esfuerzos que han tenido de sobra,

y todos les diremos, patriotas venturosos.

 

Estos mis torpes versos, de humilde poesía,

espontáneos salen de un pobre corazón,

que dice lo que siente, qne brinda en este día

por todos los de Agulo, en fuerza de razón.

 

Después otro vecino de Agulo, don César Casanova, recita una poesía y terminada ésta hace un elocuente re­sumen el Sr. Ascanio.

 

Así terminó el acto, durante el cual la banda de música ejecutó las mejores piezas de su repertorio.

 

El desfile luego resulta pintoresco en extremo. Toda la extensión del ca­mino de Agulo y Hermigua se ve des­de el pescante lleno de hombres y mujeres que, con el tono polícromo de sus trajes, semejan una cinta tendida caprichosamente en las faldas de la mon­taña...

 

Por la noche Baile en el Casino

 

Aún se nos reservaba una nueva agradable sorpresa: el baile por la no­che en el Casino Círculo de Amistad, de Agulo.

 

Amenizaba el baile una sección de guitarras y bandurrias, á cuyos alegres compases danzaba una bulliciosa y dis­tinguida juventud.

 

El bello sexo resultaba un espléndi­do ramillete de flores, formado por las bellas señoritas Julia Corvella, María Fragoso, Carmen Díaz, Catalina Mora, Francisca Padilla, Rosa Lugo, Paca Ascanio, Rosario Mora, Carmen Díaz Herrera, Elisa Bravo, Carmela Padi­lla, Clotilde Sánchez, Mercedes Padilla, Sixta y Estrella Cañadas, Rosa Bravo, Francisca Trujiilo, Narcisa Ascanio, Cesarina Trujillo, Carmen Lugo, Joaquina Mora y Dolores Díaz.

 

También vimos allí á las señoras, Isabel Ascanio de Ascanio, Manuela Fragoso de Mendoza, Elvira Moreno de Ascanio, Concepción Herrera, viuda de Díaz, y Dª Carmen Bento.

 

La fiesta se prolongó, sin que decayera la animación, hasta las 12 de la noche, á cuya hora se disolvió la con­currencia.

 

[Img #59734]De regreso.

 

A la mañana siguiente emprendía­mos el viaje de regreso.

 

Hasta el pescante fuimos acompaña­dos por los principales vecinos del pueblo, los cuales no nos abandonaron hasta el preciso momento del embar­que.

 

"El Taoro" aguardábanos á corta dis­tancia del pescante.

 

Al poner pie en la lancha que había de conducirnos al vapor, agitáronse pañuelos y oyéronse entusiastas vivas á la Gomera, á Tenerife, á Agulo.

 

Desde las montañas numerosos grupos de campesinos presenciaban nuestra despedida.

 

Levó anclas el Taoro y, á los pocos momentos, la bocina del barco enviaba un adiós cariñoso al pueblo de Agulo y al Valle de Hermigua, de los que tan gratos recuerdos llevábamos grabados en el alma.

 

Nuestra gratitud

 

Para terminar esta ya larga información queremos reiterar aquí públicamen­te el testimonio de nuestra gratitud al hidalgo pueblo gomero, en general, y especialmente á los señores Bento, Carrillo, Ascanio, Díaz y tantos otros que nos agasajaron con verdadero afecto y simpatía.

 

Y vaya, por último, nuestra felicita­ción á aquella Isla hermana, olvidada y desamparada, que trabaja ella sola por engrandecerse y dignificarse.

 

Sirva ello de ejemplo á los demás pueblos canarios, donde las piquetas del odio no cesan de destruir.

 

La unión se impone.

 

¡Viva la unión!

 

¡Vivan las Canarias!

 

Luis Roger

 

 

El Progreso. Jueves 30 de abril de 1908.

 

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