Afirman que una menor quedó severamente traumatizada por abusos de la expareja de su madre
Una psicóloga del Hospital Universitario Nuestra Señora de La Candelaria ha afirmado este martes que los presuntos abusos a las hijas de su expareja y a la suya propia, por los que se juzga a un hombre en Tenerife, dejaron a una de las menores "severamente traumatizada".
La Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife acogió hoy el juicio a un hombre acusado de haber abusado entre 2014 y 2020 de las dos hijas de su expareja y de una propia, todas ellas menores, por lo que la Fiscalía pide 24 años de prisión y el pago de 10.000 euros a cada una, mientras que la defensa solicita la libre absolución.
En esta jornada intervino una psicóloga del Hospital de La Candelaria que atendió a una de las hijastras, de la que dijo que estaba “severamente traumatizada” y que no descarta que además de por estos supuestos abusos el origen sean otros episodios vividos.
La joven relató en una voz casi inaudible y entre continuos sollozos que los abusos comenzaron cuando tenía 15 años y entonces el hombre casi todas las mañanas entraba en su habitación antes de ir a trabajar y le efectuaba tocamientos.
Como consecuencia ha tenido intentos de suicidio y autolesiones y tiene miedo a estar con gente, entre varias secuelas más.
La segunda hijastra relató que cuando tenía doce años contó a su madre los tocamientos que le efectuaba el hombre y, tras hablar y discutir con el encausado, éste le aseguró que no lo iba a hacer más por lo que entonces no llegaron a separarse, y señaló que también sufre paranoias y fobia social y a las relaciones sexuales.
La hija natural que acudía a la casa los fines de semana alternos y algunos festivos o vacaciones declaró que los abusos comenzaron cuando tenía 11 años y pese a que dormían juntas asegura que nunca vio nada raro con las demás, ni en el cuarto ni en la furgoneta.
El grueso de los episodios habrían tenido lugar cuando dormía junto a su padre a causa de las obras que se estaban llevando a cabo en la casa y que duraron tres meses.
En su caso no precisó de tratamiento psicológico, ni siquiera se vio afectada su relación con el encausado, lo que no quita que como secuelas muestre reticencias a recordar lo ocurrido “y siempre piense demasiado en las cosas”.
Un día mientras hablaban las tres surgió el asunto, todas ellas confesaron lo que les había ocurrido y luego presentaron la denuncia a través de la madre en el caso de las hijastras y de la abuela en el de la hija.
El acusado sólo respondió a su abogada, defendió su inocencia, negó haber llevado a cabo ninguno de los actos que se le atribuyen y que en todo caso tendrían su origen en “algún malentendido” y en las malas relaciones que mantiene con su exsuegra, que lo acusó de violar a su anterior pareja.
La abuela se ocupaba de la hija del acusado y dice que tras escuchar su relato e insistirle en que fuera cierto, decidió acompañarla para presentar la correspondiente denuncia en 2023, años después de haber supuestamente ocurrido los hechos y que las demás lo hicieron en fechas parecidas.
La madre de las hijastras aseguró que nunca sospechó que ocurriese nada raro hasta que se lo contaron y entonces no dudó que era verdad y tras mantener reuniones entre los familiares de las tres jóvenes optaron por presentar las denuncias.
El hijo del acusado ofreció un relato totalmente distinto, dijo que convivió con todos ellos, que jamás vio nada raro, que no creyó el testimonio de las jóvenes y sospecha que detrás de las querellas se encuentran su madre y su abuela porque “son capaces de cualquier cosa por dinero”.
Los peritos confirmaron la existencia de secuelas que son compatibles con posibles abusos pese a que los relatos presentan ciertas incoherencias, pero no hasta el punto de que puedan ser calificados como falsos y que fue una de las hijastras la que dio más detalles.
La Fiscalía en sus conclusiones finales mantiene 12 años de prisión por esta última víctima y seis por cada una de las otras dos, además de imponer órdenes de alejamiento, participar en cursos de orientación sexual y retirada de patria potestad y la mencionada indemnización de un total de 30.000 euros.
La Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife acogió hoy el juicio a un hombre acusado de haber abusado entre 2014 y 2020 de las dos hijas de su expareja y de una propia, todas ellas menores, por lo que la Fiscalía pide 24 años de prisión y el pago de 10.000 euros a cada una, mientras que la defensa solicita la libre absolución.
En esta jornada intervino una psicóloga del Hospital de La Candelaria que atendió a una de las hijastras, de la que dijo que estaba “severamente traumatizada” y que no descarta que además de por estos supuestos abusos el origen sean otros episodios vividos.
La joven relató en una voz casi inaudible y entre continuos sollozos que los abusos comenzaron cuando tenía 15 años y entonces el hombre casi todas las mañanas entraba en su habitación antes de ir a trabajar y le efectuaba tocamientos.
Como consecuencia ha tenido intentos de suicidio y autolesiones y tiene miedo a estar con gente, entre varias secuelas más.
La segunda hijastra relató que cuando tenía doce años contó a su madre los tocamientos que le efectuaba el hombre y, tras hablar y discutir con el encausado, éste le aseguró que no lo iba a hacer más por lo que entonces no llegaron a separarse, y señaló que también sufre paranoias y fobia social y a las relaciones sexuales.
La hija natural que acudía a la casa los fines de semana alternos y algunos festivos o vacaciones declaró que los abusos comenzaron cuando tenía 11 años y pese a que dormían juntas asegura que nunca vio nada raro con las demás, ni en el cuarto ni en la furgoneta.
El grueso de los episodios habrían tenido lugar cuando dormía junto a su padre a causa de las obras que se estaban llevando a cabo en la casa y que duraron tres meses.
En su caso no precisó de tratamiento psicológico, ni siquiera se vio afectada su relación con el encausado, lo que no quita que como secuelas muestre reticencias a recordar lo ocurrido “y siempre piense demasiado en las cosas”.
Un día mientras hablaban las tres surgió el asunto, todas ellas confesaron lo que les había ocurrido y luego presentaron la denuncia a través de la madre en el caso de las hijastras y de la abuela en el de la hija.
El acusado sólo respondió a su abogada, defendió su inocencia, negó haber llevado a cabo ninguno de los actos que se le atribuyen y que en todo caso tendrían su origen en “algún malentendido” y en las malas relaciones que mantiene con su exsuegra, que lo acusó de violar a su anterior pareja.
La abuela se ocupaba de la hija del acusado y dice que tras escuchar su relato e insistirle en que fuera cierto, decidió acompañarla para presentar la correspondiente denuncia en 2023, años después de haber supuestamente ocurrido los hechos y que las demás lo hicieron en fechas parecidas.
La madre de las hijastras aseguró que nunca sospechó que ocurriese nada raro hasta que se lo contaron y entonces no dudó que era verdad y tras mantener reuniones entre los familiares de las tres jóvenes optaron por presentar las denuncias.
El hijo del acusado ofreció un relato totalmente distinto, dijo que convivió con todos ellos, que jamás vio nada raro, que no creyó el testimonio de las jóvenes y sospecha que detrás de las querellas se encuentran su madre y su abuela porque “son capaces de cualquier cosa por dinero”.
Los peritos confirmaron la existencia de secuelas que son compatibles con posibles abusos pese a que los relatos presentan ciertas incoherencias, pero no hasta el punto de que puedan ser calificados como falsos y que fue una de las hijastras la que dio más detalles.
La Fiscalía en sus conclusiones finales mantiene 12 años de prisión por esta última víctima y seis por cada una de las otras dos, además de imponer órdenes de alejamiento, participar en cursos de orientación sexual y retirada de patria potestad y la mencionada indemnización de un total de 30.000 euros.












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