Martes, 31 de Marzo de 2026

Oscar Izquierdo
Lunes, 30 de Marzo de 2026

Troleros oficiales

Es un tópico que la política se ha convertido en el arte mayestático de esquivar responsabilidades en lugar de afrontarlas. Cuando los problemas aprietan, falta de vivienda, colapso de las carreteras, movilidad imposible, colas perennes o la ineficiencia administrativa con su burocracia pérfida, lo que debería ser una respuesta clara y decidida a esos problemas por parte de los servidores públicos se transforma en un desfile de excusas cuidadosamente elaboradas, aunque también las hay muy torpes y otras impresentables.

 

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Los políticos, lejos de centrarse en las complicaciones diarias que tienen que resolver, optan por desviar la atención hacia factores externos, adversarios políticos o incluso circunstancias inevitables que, según ellos, escapan a su control. Lo que, si dominan y cuidan muy bien, es su sueldo a final de mes, mas dietas y otras prebendas que no las dejan escapar de ninguna manera.


Este comportamiento no es casual ni eventual, es la mediocridad que soportamos estoicamente. Forma parte de una estrategia bien comprobada, para diluir la responsabilidad, evitando el desgaste consecuente de la ineficacia gestora. Cuando una obra pública no se ejecuta, la culpa es de la burocracia heredada, si los precios de la vivienda se disparan, el problema es del mercado, si las infraestructuras colapsan, siempre hay un informe técnico, una normativa europea o una administración anterior a la que señalar. Todo sirve, menos asumir que quienes gobiernan tienen la obligación de resolver, no de justificar.


Cuantas más excusas se dan, más se alejan las soluciones reales. Se pasan los días consumiendo su tiempo en ruedas de prensa pomposas, declaraciones de colores o enfrentamientos estériles, mientras los ciudadanos seguimos atrapados en los mismos problemas de siempre, sin resolver. Todo lo convierten en un teatro malo, donde lo importante no es arreglar, sino aparentar que se intenta. Hasta se inventan remedios que ni ellos o ellas se creen.


Buscar cotidianamente causantes externos a lo que no se hace, erosiona la confianza. El ciudadano percibe y no digamos el tejido empresarial, con razón, que nadie se hace cargo de nada. Cada administración señala a otra con el dedo índice, cada partido acusa al de enfrente, cada funcionario tiene otro empleado público a quien culpabilizar y al final la sensación generalizada es de abandono, es más, diríamos de hastío. Se instala la idea, que se convierte en realidad, de que los problemas son eternos e irresolubles, cuando lo que falla son las ganas de afrontarlos con seriedad, valentía.


Hay también un componente de comodidad en esta actitud. Reconocer errores implica admitir que no se sirve para el cargo que se ocupa, fallos de gestión y en ocasiones, tomar decisiones impopulares. Es mucho más fácil construir un relato, cuento o trolero, en el que intentan aparecer más como víctimas de las circunstancias que como encargados de las soluciones pendientes. Pero esa comodidad tiene un precio muy alto, el estancamiento, de lo cual en Tenerife sabemos mucho.


Estamos manifestando esta cuestión, porque últimamente se ha instalado un discurso, muy bien preparado en las salas de máquinas propagandísticas de los distintos partidos políticos, para convencer artificialmente a la ciudadanía, de que el problema de la vivienda o la falta de ejecución de obra pública de carreteras se debe a que las empresas promotoras y constructores no tienen el personal suficiente para ejecutar las obras, o también utilizan otra disculpa, como es el aumento de la población, ésta como segunda opción. Son dos mentiras mentirosas de pinochos expertos. El dilema es más sencillo, no hay viviendas, ni carreteras porque ellos mismos lo impiden por su propia incapacidad, ponga cada cual de que tipo.


Oscar Izquierdo

 

 

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