Las víctimas del marido de su hermana relatan décadas de abusos sexuales cuando eran niñas
Víctimas de un hombre acusado de abusar durante casi dos décadas de tres hermanas y una sobrina de su esposa desde niñas aprovechando que pasaban largas temporadas a su cuidado han relatado cómo las usó para satisfacer sus deseos sexuales ya cuando tenían solo 11, 10 y hasta 3 o 4 años de edad, en un juicio iniciado este martes en Las Palmas de Gran Canaria.
Declarando en todos los casos a través de una pantalla de videoconferencia para evitar encararse a su agresor, jóvenes y mujeres de hasta 30 años en la actualidad han coincidido en afirmar que el procesado llegó a sentirse tan impune al lograr prolongar sus abusos sin que nadie lo impidiera que pasó de asaltarlas cuando estaban solas a hacerlo en presencia de otras y a hacerles comentarios de índole sexual en público.
Hasta el punto de que "hubo veces en que estábamos todos en la misma cama", varias de las víctimas e incluso algún hijo varón del enjuiciado de menos edad aún, y no tuvo reparo alguno en usar a una u otra de las chicas y niñas para obtener placer, ha relatado una de ellas.
Una mujer ahora de 30 años que ha contado que, en su caso concreto, abandonó la vivienda de su madre en Mauritania para ir a vivir desde muy pequeña con su hermana y su esposo en su casa de Las Palmas de Gran Canaria, donde el hombre la sometía a tocamientos o abusos de forma habitual a partir de que cumplió 7 u 8 años, aproximadamente.
Desde entonces -ha dicho-, "podía suceder en cualquier momento": mientras veían dibujos animados en un sofá, presentándose en su cama en mitad de la noche o llevándola en su coche a un lugar apartado.
La víctima ha referido que durante lustros soportó en silencio los abusos, datados por la Fiscalía entre 2003 y 2020, porque veía al acusado como una figura de autoridad a su agresor y le repetía que "era nuestro secreto". Al crecer este comenzó a ofrecerle recompensas para que no hablara.
"Si sabía que quería algo me lo compraba y solía también darme dinero", ha declarado.
Y tanto ella como otras víctimas, que llevan años recibiendo asistencia psicológica para superar sus traumas, una vez salieron a la luz los hechos, han confesado que otra razón por la que callaban es porque acabaron por creer que ellas también eran culpables de lo que sucedía.
En similares términos se ha expresado otra de las mujeres, que ha rememorado cómo, "a veces, estaba sola en la habitación, durmiendo, y me despertaba y se me estaba acostando al lado o ya me estaba tocando" directamente.
Y cómo fue actuando cada vez con más confianza según iba creciendo, cuando "me enseñaba vídeos pornográficos, me invitaba a cigarros" y, además, al igual que en los casos de otras, "me daba dinero para que me callara", ha añadido.
Por esos y otros hechos, el fiscal ha solicitado, en principio, 29 años de cárcel para el acusado, en un juicio que proseguirá este miércoles en la Ciudad de la Justicia de Las Palmas de Gran Canaria, a cargo de la Sección Segunda de la Audiencia Provincial.
Declarando en todos los casos a través de una pantalla de videoconferencia para evitar encararse a su agresor, jóvenes y mujeres de hasta 30 años en la actualidad han coincidido en afirmar que el procesado llegó a sentirse tan impune al lograr prolongar sus abusos sin que nadie lo impidiera que pasó de asaltarlas cuando estaban solas a hacerlo en presencia de otras y a hacerles comentarios de índole sexual en público.
Hasta el punto de que "hubo veces en que estábamos todos en la misma cama", varias de las víctimas e incluso algún hijo varón del enjuiciado de menos edad aún, y no tuvo reparo alguno en usar a una u otra de las chicas y niñas para obtener placer, ha relatado una de ellas.
Una mujer ahora de 30 años que ha contado que, en su caso concreto, abandonó la vivienda de su madre en Mauritania para ir a vivir desde muy pequeña con su hermana y su esposo en su casa de Las Palmas de Gran Canaria, donde el hombre la sometía a tocamientos o abusos de forma habitual a partir de que cumplió 7 u 8 años, aproximadamente.
Desde entonces -ha dicho-, "podía suceder en cualquier momento": mientras veían dibujos animados en un sofá, presentándose en su cama en mitad de la noche o llevándola en su coche a un lugar apartado.
La víctima ha referido que durante lustros soportó en silencio los abusos, datados por la Fiscalía entre 2003 y 2020, porque veía al acusado como una figura de autoridad a su agresor y le repetía que "era nuestro secreto". Al crecer este comenzó a ofrecerle recompensas para que no hablara.
"Si sabía que quería algo me lo compraba y solía también darme dinero", ha declarado.
Y tanto ella como otras víctimas, que llevan años recibiendo asistencia psicológica para superar sus traumas, una vez salieron a la luz los hechos, han confesado que otra razón por la que callaban es porque acabaron por creer que ellas también eran culpables de lo que sucedía.
En similares términos se ha expresado otra de las mujeres, que ha rememorado cómo, "a veces, estaba sola en la habitación, durmiendo, y me despertaba y se me estaba acostando al lado o ya me estaba tocando" directamente.
Y cómo fue actuando cada vez con más confianza según iba creciendo, cuando "me enseñaba vídeos pornográficos, me invitaba a cigarros" y, además, al igual que en los casos de otras, "me daba dinero para que me callara", ha añadido.
Por esos y otros hechos, el fiscal ha solicitado, en principio, 29 años de cárcel para el acusado, en un juicio que proseguirá este miércoles en la Ciudad de la Justicia de Las Palmas de Gran Canaria, a cargo de la Sección Segunda de la Audiencia Provincial.












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