País Vasco, Asturias y Canarias lideran el absentismo laboral en España
El absentismo laboral en España se sitúa en el 7,2 % de las horas pactadas, una tasa que se eleva al 9,4 % en el País Vasco, al 9,1 % en Asturias y al 8,9 % en Canarias, las autonomías con mayor incidencia de un fenómeno creciente que requiere de una mayor coordinación y de reformas para ser atajado, según la consultora KPMG.
KPMG ha presentado este martes un análisis del absentismo, para el que ha recurrido a diversas fuentes de datos, entre las que se encuentra un estudio de Randstad Research con la incidencia autonómica, que sitúa a Baleares, Madrid y La Rioja como los territorios con un menor impacto.
El absentismo laboral no deja de crecer en España desde 2020. En seis años, la tasa general ha subido más de medio punto hasta el citado 7,2 % actual, mientras que el absentismo por incapacidad temporal (baja médica) se ha disparado casi un punto hasta el 5,6 %, según los datos de Randstad Research.
En la jornada de KPMG, organizada en colaboración con la Asociación de Periodistas de Información Económica (APIE), los expertos de la consultora han citado entre las causas del fuerte incremento del absentismo el envejecimiento de la población trabajadora y el aumento de bajas por causas psicológicas como estrés, ansiedad o depresión.
La incapacidad temporal por contingencias comunes (baja por enfermedad común o accidente no laboral) concentra el 78 % del absentismo total, con procesos que mayoritariamente son de corta duración, de uno a tres días.
Desde KPMG se ha señalado además la falta de coordinación entre la sanidad pública y las mutuas, la rigidez de un modelo que no contempla la reincorporación gradual y varias reformas legales, como la ampliación de permisos de conciliación o la digitalización de las bajas, que sin buscarlo "han dificultado su gestión".
España, el sexto país europeo con más absentismo
España ocupa el tercer puesto entre 24 países analizados por la OCDE en semanas de trabajo perdidas por bajas laborales, con 4,9 semanas de media por empleado en 2024, solo por detrás de Noruega, con 6 semanas, y Finlandia, con 5.
Le siguen Francia (4,2 semanas), Alemania (3,5) y Suecia (3,3), mientras que Italia registra la menor incidencia, con 1,1 semanas.
España tampoco es el país con mayor absentismo de Europa. Alemania, Noruega, Suecia, Bélgica o Países Bajos presentan indicadores comparables, aunque sí figura entre los países donde el crecimiento y el coste económico del fenómeno aumentan con mayor intensidad, según el análisis de KPMG.
Algunos países buscan soluciones a este fenómenos, como Alemania que tramita una reforma que exigiría certificado médico desde el primer día de baja, con descuentos salariales y bonos para quienes menos falten, además de controles sobre los médicos que emitan bajas fraudulentas.
Italia sigue una línea similar, con visitas obligatorias de las autoridades sanitarias. Países Bajos y Reino Unido, en cambio, priorizan la reincorporación temprana y gradual, con planes personalizados y seguimiento conjunto entre empresa, trabajador y servicios sanitarios.
Según KPMG, el absentismo ha dejado de ser un problema de recursos humanos para convertirse en un reto de competitividad que exige una respuesta compartida entre administraciones, sistema sanitario, empresas y agentes sociales.
KPMG ha presentado este martes un análisis del absentismo, para el que ha recurrido a diversas fuentes de datos, entre las que se encuentra un estudio de Randstad Research con la incidencia autonómica, que sitúa a Baleares, Madrid y La Rioja como los territorios con un menor impacto.
El absentismo laboral no deja de crecer en España desde 2020. En seis años, la tasa general ha subido más de medio punto hasta el citado 7,2 % actual, mientras que el absentismo por incapacidad temporal (baja médica) se ha disparado casi un punto hasta el 5,6 %, según los datos de Randstad Research.
En la jornada de KPMG, organizada en colaboración con la Asociación de Periodistas de Información Económica (APIE), los expertos de la consultora han citado entre las causas del fuerte incremento del absentismo el envejecimiento de la población trabajadora y el aumento de bajas por causas psicológicas como estrés, ansiedad o depresión.
La incapacidad temporal por contingencias comunes (baja por enfermedad común o accidente no laboral) concentra el 78 % del absentismo total, con procesos que mayoritariamente son de corta duración, de uno a tres días.
Desde KPMG se ha señalado además la falta de coordinación entre la sanidad pública y las mutuas, la rigidez de un modelo que no contempla la reincorporación gradual y varias reformas legales, como la ampliación de permisos de conciliación o la digitalización de las bajas, que sin buscarlo "han dificultado su gestión".
España, el sexto país europeo con más absentismo
España ocupa el tercer puesto entre 24 países analizados por la OCDE en semanas de trabajo perdidas por bajas laborales, con 4,9 semanas de media por empleado en 2024, solo por detrás de Noruega, con 6 semanas, y Finlandia, con 5.
Le siguen Francia (4,2 semanas), Alemania (3,5) y Suecia (3,3), mientras que Italia registra la menor incidencia, con 1,1 semanas.
España tampoco es el país con mayor absentismo de Europa. Alemania, Noruega, Suecia, Bélgica o Países Bajos presentan indicadores comparables, aunque sí figura entre los países donde el crecimiento y el coste económico del fenómeno aumentan con mayor intensidad, según el análisis de KPMG.
Algunos países buscan soluciones a este fenómenos, como Alemania que tramita una reforma que exigiría certificado médico desde el primer día de baja, con descuentos salariales y bonos para quienes menos falten, además de controles sobre los médicos que emitan bajas fraudulentas.
Italia sigue una línea similar, con visitas obligatorias de las autoridades sanitarias. Países Bajos y Reino Unido, en cambio, priorizan la reincorporación temprana y gradual, con planes personalizados y seguimiento conjunto entre empresa, trabajador y servicios sanitarios.
Según KPMG, el absentismo ha dejado de ser un problema de recursos humanos para convertirse en un reto de competitividad que exige una respuesta compartida entre administraciones, sistema sanitario, empresas y agentes sociales.












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