La matanza de los líderes obreros en Hermigua tras el golpe de 1936
Lo que sucedió en Hermigua después del 18 de julio de 1936 fue una matanza, cruel y sistemática. En la imagen que ilustra este artículo aparecen solo una docena de los asesinados. Los señalados como seres peligrosos, que no merecían vivir, eran jornaleros, sindicalistas, maestros y políticos de izquierda.
Por: Rubens Ascanio Gómez *
![[Img #104556]](https://gomeraverde.es/upload/images/08_2026/8798_00-0.jpg)
Todos fueron sometidos a una dura y larga represión. En la localidad gomera se generó un ambiente de violencia, en la que a los viejos caciques locales se sumaron activamente a militares y falangistas. Decir quiénes elaboraron las listas de los que iban a morir es una tarea más que difícil, pero algunos nombres se pueden intuir de los mismos testimonios ofrecidos por los implicados en los llamados Sucesos de Hermigua.
La mayor parte de los identificados los conocemos gracias al extraordinario trabajo de Ricardo García Luis y Juan Manuel Torres Vera en El Fogueo. Hace cuarenta años, con muchos testigos y víctimas vivas, lograron preservar unos relatos que hoy son claves para la memoria histórica de Canarias. Con esos testimonios pudieron poner nombre y apellido a los protagonistas, en una foto que retrataba a los procesados durante el juicio celebrado en el verano de 1934.
En marzo de 1933 esta población vivió uno de los mayores estallidos populares del siglo XX en el Archipiélago. En un lugar donde continuaban con fuerzas los viejos sistemas de control caciquil, con un frágil monocultivo de exportación que se resintió de la crisis económica global y a la pérdida de ventas de plátanos, provocó un incremento de parados. Estas familias, muchas sin tierras, no tenían ninguna otra forma de mantener su vida, ni otro lugar donde ir. La población local había ido tomando una rápida conciencia y se había organizado para luchar por unas condiciones de trabajo más dignas. Los incumplimientos en los acuerdos para contratar a un centenar de vecinos y el desprecio de los patrones provocó una respuesta masiva. La poderosa Federación Obrera local, junto con espacios sindicales como la UGT y la CNT, además del auge de los partidos obreros, permitía soñar con una revolución que creían al alcance de la mano. La protesta llegó a un punto álgido en marzo de 1933, en un incidente que acabó con dos guardias civiles muertos y otro herido,además de varios huelguistas heridos y otro muerto. Las noticias de lo ocurrido llegaron a la prensa española e incluso más allá.
El juicio celebrado en 1934, en pleno bienio conservador, en el que se recuperó la pena de muerte, amenazó con la pena máxima a diez de los más de treinta detenidos, dejando una huella importante de solidaridad y de debate político, que en 1936 favoreció una crueldad extraordinaria.
Los franquistas se tomaron muy en serio la realidad de Hermigua. El Archivo Histórico Provincial de Las Palmas conserva los detallados informes elaborados por el alcalde franquista, Domingo Méndez, el 26 de enero de 1939, y por la Guardia Civil, el 8 de octubre de 1938, donde se identifican a 42 vecinos de Hermigua. Son casi el 10% de los militantes de la Federación Obrera en ese municipio, que en 1933 se calculaba que superaba los 450 afiliados.
Las listas son frías y detalladas, ofreciendo datos de filiación, perfil político y personal. Solo cuatro de ellos habían sido señalados por haber participado en los Sucesos de Hermigua. Tal vez esta sea una señal que indica que la mayoría de los desaparecidos ya se habían eliminado antes de elaborar los listados.
![[Img #104557]](https://gomeraverde.es/upload/images/08_2026/1855_0-0.jpg)
Los hombres que ves en la imagen son, de izquierda a derecha, en la parte superior, Manuel Casanova Medina, Vicente Valladolid Mesa, Tomás Brito Méndez, Domingo Rodríguez Henríquez, Manuel Avelino Perdomo Plasencia y Juan Martín Hernández. De izquierda a derecha: en la parte inferior, Francisco Martín Negrín, José León Piñero, Leoncio Fagundo Hernández, Avelino Navarro Méndez, Fernando Ascanio Armas y Pablo Ascanio Armas, los dos últimos hermanos. Fueron doce de los dieciocho asesinados extrajudicialmente en esta localidad, que incluyen una mujer y un bebé.
El primero de la lista es Manuel Casanova Medina, que tenía solo dieciocho años en el momento de los sucesos de 1933. A pesar de su juventud participaba activamente de las luchas en defensa del empleo y en contra del caciquismo local. En febrero de 1933 fue detenido junto a su hermano Serafín, acusado de haber cortado trece racimos de plátanos en la finca denominada “Las Hoyitas”. Esta práctica era una forma de presión a los propietarios que incumplían acuerdos o se negaban a contratar a determinados jornaleros. A él lo había defendido Juan Simeón Vidarte, abogado prestigioso y vicesecretario del PSOE entre 1932 y 1939.
Este jurista había estado presente en la causa similar contra los campesinos de Castilblanco, en Badajoz, en 1931. En el juicio se le acusó como encubridor de los responsables de los acontecimientos, aunque poco después el fiscal retirará esa acusación. El abogado defensor y las declaraciones de otros testigos dejaron claro que estaba en su casa, lejos del punto donde se produjo el choque violento entre guardias civiles y obreros, solo saliendo de su hogar con el ruido de los disparos y encontrándose el cuerpo de Antonio Brito, el jornalero muerto, al bajar. Manuel fue uno de los que el 28 de junio de 1934, dos días antes del juicio, firmó un manifiesto desde la cárcel en el que pedían suspender la huelga general anunciada para dos días después, coincidiendo con el inicio de las sesiones. El texto agradecía el “apoyo incondicional a estos bravos camaradas, víctimas del odio cruel de unos caciques sin escrúpulos, que con sus crímenes les llevaron a la tragedia”. Este joven fue uno de los absueltos en el proceso judicial, pero quedó señalado, siendo uno de los desaparecidos, con unos 22 años de edad.
Vicente Valladolid Mesa es el segundo. Tenía veintidós años en 1933 y era miembro de la Federación Obrera. También fue uno de los firmantes del manifiesto carcelario. Era soltero, jornalero, con instrucción, hijo de Sebastián y Encarnación, como indicaba el diario Hoy. Su abogado fue Benigno Macareño, que se centró en demostrar que Vicente no había participado de los acontecimientos de El Palmarejo y que la acusación venía de “falsas inculpaciones del testigo Nicasio León”, al que señalaba como “el cacique máximo del pueblo”. También se la había inculpado en el acto de sabotaje de la central eléctrica de Hermigua, durante las protestas. Él fue uno de los condenados a muerte, permaneciendo a la espera de esta sentencia entre 1934 y febrero de 1936. En 1935 participó de una acción solidaria desde la cárcel, donde, junto con otros compañeros, hicieron pública una carta anunciando que habían promovido una recaudación para el Hospital de Niños. Explicaban que “nos es muy grato remitirle para los niños recogidos en ese Establecimiento, la cantidad de sesenta y nueve pesetas, donativo que nos ha hecho a nosotros el Gobierno, con objeto de hacerles más agradables estos días de Pascuas”. Además de Vicente la iniciativa la firmaron Policarpo Niebla Mora y Ginés Ramírez Bacindo. El primero fue un destacado pintor, caricaturista e intelectual, que había sido condenado por agresión a la autoridad. El otro, un militante de la CNT sometido a una de las muchas causas contra las huelgas de la época. Él también sería fue una de las víctimas mortales de la dictadura, siendo fusilado en 1937.
En tercer lugar tenemos a Tomás Brito Méndez, que tenía veinte años en 1933 y estaba soltero. Fue defendido por el brillante abogado Luis Rodríguez Figueroa, que durante el proceso recordó que esos hombres y mujeres “solo salieron a la calle cuando el hambre invadía sus humildes hogares, y salieron, no sin antes pedir justicia a quienes podían y debían remediar su miseria”. Este fue otro de los absueltos en el juicio. Los autores de El Fogueo explican que tras el golpe logró esconderse bajo un montón de hierba en casa de su padre, hasta que fue localizado y posteriormente asesinado por los golpistas.
El cuarto puesto corresponde a Domingo Rodríguez Henríquez, con 21 años en 1933, que era soltero, con instrucción, hijo de Antonio y de Antonia. Su caso también defendido por Luis Rodríguez Figueroa, que lo definió como “un hombre bueno, de condición moral excelente, quien debido a su posición económica desahogada, puede, gracias a su generosa manera de ser, favorecer a los obreros, quienes lo llevan al seno de la Federación, donde continúa su elogiosa labor en pro de los trabajadores”. Se trató de otro de los absueltos y, junto a los hermanos Ascanio, era miembro de esa parte de la pequeña burguesía local que acompañó y apoyó la lucha contra el viejo caciquismo local. Su castigo, como el de otros, fue una muerte prematura, a pesar de haber sido declarado inocente y de su amistad con el guardia civil José Garrote, el que sobrevivió en 1933 y que tuvo un papel importante en la represión vivida tras el 18 de julio. Quizás tuvo peso en su situación la declaración que hizo en el juicio, donde señaló que “el señor Arrate prometió solemnemente que a la semana siguiente darle ocupación a los cien obreros que pedía”, afirmó que el incumplimiento de su palabra fue el detonante de la explosión de rabia. Tal vez ese dedo señalador no fue olvidado por uno de los poderes locales.
El siguiente es Manuel Avelino Perdomo Plasencia. Fue uno de los cinco condenados a muerte en el juicio. Tenía 24 años, estaba casado y tenía un hijo. Los informes del alcalde y de la Guardia Civil ofrecen datos de su vida y militancia. El primero aseguraba que era miembro de la UGT y de la Federación Obrera, considerándolo un “elemento de acción”. El segundo lo identificaba como panadero y comunista. Su abogado defensor fue el tinerfeño José Carlos Schwartz. En el proceso lo vincularon con su pariente, Avelino Navarro Méndez. Ambos estaban juntos en una farmacia de la localidad y tenían las ropas manchadas de sangre, ya que Perdomo había sido herido tras el choque de El Palmarejo, en la farmacia cercana. José Garrote, además, dijo haberlo reconocido durante la revuelta..
Le sigue Juan Martín Hernández, que era conocido en el pueblo con el apodo del “hijo del marcado”. Su pena fue de 12 años de cárcel, aunque como el resto de los condenados, fue liberado en febrero de 1936, con la victoria del Frente Popular. La dictadura no tardó en aplicarle un castigo brutal a su activismo.
Continuamos en la parte inferior de la imagen con Francisco Martín Negrín, conocido como “El cojo”. Tenía 43 años en 1934 y fue otro de los que fueron condenados a muerte en el juicio, siendo defendido por el prestigioso abogado Luis Jiménez de Asúa. Era padre de cinco hijos en ese momento. El informe del alcalde afirma que pertenecía a la UGT y a la Federación Obrera, siendo además una persona que “hacía activa propaganda marxista”. La Guardia Civil lo acusaba directamente de ser comunista. En el proceso judicial lo implicaron como uno de los obreros que disparó contra los guardias, aunque otros testimonios lo localizaban en la sede de la Federación Obrera durante los incidentes. Una foto de 1938, procedente del libro El Fogueo, identifica a un joven llamado Juan Martín Negrín en la prisión flotante Porto Pi, en octubre de 1938, quizás su hermano.
Continúa la lista José León Piñero, de 22 años. Su abogado, Luis Rodríguez Figueroa, lo defendió afirmando que “se ha encartado en este asunto caprichosamente porque la única prueba que existe es la del testigo de la acusación que dice había visto a «un tal León», quién en ninguna manera es la persona de su defendido”. Fue condenado a doce años de presión en 1934 y fue uno de los firmantes del manifiesto en el que pedían detener la convocatoria de huelga general previa al juicio.
Continuamos con Leoncio Fagundo Hernández, nacido en Agulo y conocido como “El Palas”- Tenía 38 años en el momento del juicio y fue defendido por Juan Simeón Vidarte. Fue otro de los condenados a muerte, acusado igualmente de haber manejado un arma y señalado por el cacique local, Nicasio León. Tras el golpe militar fue uno de los que trató de huir, refugiándose en la zona de El Cedro. Tras ser capturado, testimonios familiares aseguran que fue castrado y llevado a Tenerife, donde “lo desaparecieron que no se volvió más a saber de él”.
Continuamos con Avelino Navarro Méndez, de 28 años, casado y con dos hijos. El alcalde franquista también identificó como miembro de la UGT y la Federación Obrera. La guardia civil dijo de él que era jornalero, que había sido militante socialista e interventor del Frente Popular en las elecciones generales y en las de compromisarios.
Finalmente tenemos a los hermanos Fernando y Pablo Ascanio Armas, dos jóvenes de la pequeña burguesía local. Ambos eran militantes socialistas de Hermigua. El primero tuvo un papel especialmente activo, llegando a ser una de las cabezas de lista del Bloque de Izquierdas en las elecciones de noviembre de 1933, donde logró más de 13.000 votos en el Norte de La Gomera, La Palma y Valle de La Orotava. Pablo no había sido acusado por el proceso de Hermigua, su hermano fue condenado a ocho años de cárcel por su activa labor en la Federación Obrera. Tras el golpe militar fueron detenidos los dos y llevados a Tenerife, donde pasaron por Fyffes. José Antonio Rial, en su novela histórica “La prisión de Fyffes”, describe la noche en la que los militares sacaron a su hermano Pablo, que en ese momento estaba casi paralizado por la artritis. Negándose los fascistas a que lo intercambiaran por él, Fernando “se echó sobre el cuerpo doliente de Pablo Ascanio y se abrazó a él”, de poco sirvió el gesto, poco después “cargaron con el jergón de Pablo y se llevaron al hombre como en unas angarillas. Al alzarlo el enfermo de dolores reumáticos dio un pequeño grito, pero se reprimió”. Los datos orales conservados afirman que en enero de 1937 los dos fueron arrojados al océano en la costa de Anaga, por una de las tristemente célebres brigadas del amanecer.
La lista de desaparecidos de Hermigua la completan el maestro Enrique Bizcarri Jové, nacido en Barcelona en 1901, el bebé Jerónimo Chávez Pineda, sus padres, Antonia Pineda Prieto y Jesús Chávez Pineda, además de Antonio Hernández, otro de los acusados en los sucesos, y Antonio Martín Hernández, hermano del ya mencionado Juan Martín Hernández.
La información recopilada da versiones sobre lo sucedido. Unos hablan de ejecuciones en el propio pueblo, otros explican que fueron traslados a Tenerife. El trabajo García Luis y Torres Vera ofrece testimonios que dicen que “algunos fueron ultimados en el propio pueblo”, mientras que otras personas afirman que “varios fueron trasladados en el Águila de Oro, conducidos a la batería del barranco del Hierro, y allí fusilados”.
El 18 de julio de 1936 fue sin duda la fecha clave para que esta violencia orquestada se desatara. José Garrote, el guardia civil implicado en los Sucesos, pidió regresar a la zona y algunos lo señalan como uno de los promotores centrales de la represión. Los supervivientes cuentan como las torturas se hicieron generales, de forma que en cualquier momento “llegaban cuatro desalmados de esos, borrachos, a medianoche, te tocaban en la puerta y te sacaban, y sin más acá ni más allá te llevaban a un terraplén de esos y te daban una cueriza”.
El último alcalde republicano de Hermigua, miembro del Frente Popular, era Julián Rodríguez Rodríguez. Junto a los concejales Pedro García Plasencia, Fernando Barroso Mesa, Daniel Brito Brito, Manuel Rodríguez Henríquez y Pedro Barrera Rodríguez se reunieron a las once de la mañana del día del golpe con la intención de resistir. Aquí ese intento no tuvo la fuerza que se vivió en Vallehermoso, debido a que la Guardia Civil local sí simpatizó desde el primer minuto con los sublevados. Además, se ayudaron y armaron a grupos fascistas que ya estaban presentes a nivel local, escondidos bajo el paraguas de espacios como la Juventud Católica y similares..
La Gaceta de Tenerife del 29 de agosto de 1936 ofreció un amplio reportaje sobre lo sucedido en ese valle unos días antes, bajo la mirada de los golpistas. Indican, sin el menor reparo, que el reconocido José Méndez Suárez, corresponsal de ese periódico católico en Hermigua, “en compañía de Jesús Trujillo, Miguel A. Trujillo, Alonso Trujillo y Antonio Fagundo Fragoso, formaban el Comité secreto de Falange Española en dicho pueblo, mucho antes del movimiento”. Precisamente el dirigente central era la cara visible de Acción Católica a nivel local. Este espacio logró movilizar a varias decenas de jóvenes, que colaboraron activamente en el control de la zona, la clausura de locales obreros y las primeras detenciones de militantes de las fuerzas republicanas.
Unos pocos días después llegaron las tropas del ejército para hacerse con el control de Vallehermoso. El 16 de agosto se realizó el proceso de cambio de banderas en los edificios públicos del pueblo, recuperándose la anterior enseña monárquica y retirando las republicanas. Al frente del grupo promotor de este cambio de banderas estará José Garrote y los miembros de Falange, además de los poderes caciquiles históricos. El cambio de bandera del Ayuntamiento de Hermigua dejó una de las imágenes más rotundas del golpe de 1936 en Canarias, con un grupo, bandera en mano, haciendo el saludo romano como símbolo del nuevo régimen.
Las cárceles se llenaron de militantes y activistas, mientras el miedo se metió en las venas de la mayor parte de la población. Algunos de los represaliados vivieron la paradoja de ser movilizados por los franquistas al poco de salir en libertad, marchando a luchar en nombre de quienes les quitaron todos sus derechos. Es el caso de Juan Darias Brito, uno de los que fue sometido a juicio en 1934. Este joven terminó hecho prisionero, no sabemos si voluntariamente, en el frente, estando en las listas de presos del cuartel de Clot, en Cataluña. Sobre su caso existe un listado realizado por las autoridades republicanas donde informan que era militante de la CNT y parece que pudo ser reincorporado al ejército republicano. Le acompañaban tres vecinos más de Hermigua, que forman una parte sustancial de las localidades mencionadas. Eran Antonio Prieto Hernández, Domingo Hernández Rodríguez y Jesús Cruz Chávez, también militante de la CNT. Las víctimas, por acción o por omisión, también fueron esos miles de jóvenes canarios que la dictadura forzó a luchar y morir a miles de kilómetros de sus hogares, en nombre de su supuesta gloria y, en muchas ocasiones, en contra de sus propios ideales.
Ojalá, con estos noventa años del golpe militar todavía frescos, el Ayuntamiento de Hermigua no olvide a sus hijos e hijas, asesinados por sus ideales y sus sueños. No tengo duda que cualquier administración que sienta la democracia y los valores de libertad, no tendría la menos duda en hacer este tipo de reconocimientos.
Que nueve décadas después, encontremos a cientos de jóvenes defendiendo y justificando la dictadura en las redes sociales, sin saber el terror que generó, sin conocer los derechos y libertades que se perdieron, resulta triste y preocupante. Las instituciones, las personas dedicadas a la historia, la propia democracia, debe ayudar a que esta memoria no se borre y olvide, impidiendo que la semilla del odio siga germinando. La memoria histórica no es solo un estudio del pasado, es una vacuna que previene el totalitarismo. Hoy como ayer, miles de personas, ideas y sentimientos no caben en su mundo, algo que ya sabemos lo peligroso que es.
Por Rubens Ascanio Gómez. Licenciado en Historia por la Universidad de La Laguna
Fuentes utilizadas
CABRERA ACOSTA, MA ed. (2000): La guerra civil en Canarias, Francisco Lemus Editor. La Laguna pp123-124
GARCÍA LUIS, R (2003): Crónica de vencidos. Canarias: resistentes de la guerra civil, La Marea, Islas Canarias. Pp 332-334
GARCÍA LUIS, R Y TORRES VERA, JM (1986): Vallehermoso “El Fogueo”, Centro Amilcar Cabral, Tenerife.
Ascanio Gómez, R. La Larga sentencia de Fernando Ascanio: https://latadelgofio.blogspot.com/2021/06/la-larga-sentencia-de-fernando-ascanio.html
AHPLP. Informe del Comandante del Puesto del 24 tercio de la Guardia Civil de Hermigua, sobre militantes de izquierda de Agulo y Hermigua. 8 de octubre de 1938. Caja 262.
AHPLP. Informe de Domingo Méndez, alcalde de Hermigua, sobre actividades políticas y sindicales de vecinos. 26 de enero de 1939. Caja 262.
Centro Documental de la Memoria Histórica. Identificación de prisioneros en el cuartel de Clot.
La Prensa. 14 de febrero de 1933 p3
Perfil de Juan Simeón Vidarte en la Fundación Pablo Iglesias: https://fpabloiglesias.es/entrada-db/vidarte-franco-romero-juan-simeon/
Rebelión. 7 de julio de 1934. Edición especial.
Hoy. 13 de julio de 1934 p1
Gaceta de Tenerife. 27 de diciembre de 1935 p3
Gaceta de Tenerife. 9 de abril de 1933 p5
En Marcha. 7 de julio de 1934
Gaceta de Tenerife. 4 de julio de 1934 p5
Hoy. 13 de julio de 1934 p1
La Prensa. 6 de julio de 1934 p5
La Gaceta de Tenerife. 7 de julio de 1934 p3
La Sorriba. Junio de 1985 p20
La Sorriba. Mayo de 1985 pp17-18
* Licenciado en Historia. Comunicación y gestión de proyectos culturales, patrimoniales y comunitarios
Por: Rubens Ascanio Gómez *
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Todos fueron sometidos a una dura y larga represión. En la localidad gomera se generó un ambiente de violencia, en la que a los viejos caciques locales se sumaron activamente a militares y falangistas. Decir quiénes elaboraron las listas de los que iban a morir es una tarea más que difícil, pero algunos nombres se pueden intuir de los mismos testimonios ofrecidos por los implicados en los llamados Sucesos de Hermigua.
La mayor parte de los identificados los conocemos gracias al extraordinario trabajo de Ricardo García Luis y Juan Manuel Torres Vera en El Fogueo. Hace cuarenta años, con muchos testigos y víctimas vivas, lograron preservar unos relatos que hoy son claves para la memoria histórica de Canarias. Con esos testimonios pudieron poner nombre y apellido a los protagonistas, en una foto que retrataba a los procesados durante el juicio celebrado en el verano de 1934.
En marzo de 1933 esta población vivió uno de los mayores estallidos populares del siglo XX en el Archipiélago. En un lugar donde continuaban con fuerzas los viejos sistemas de control caciquil, con un frágil monocultivo de exportación que se resintió de la crisis económica global y a la pérdida de ventas de plátanos, provocó un incremento de parados. Estas familias, muchas sin tierras, no tenían ninguna otra forma de mantener su vida, ni otro lugar donde ir. La población local había ido tomando una rápida conciencia y se había organizado para luchar por unas condiciones de trabajo más dignas. Los incumplimientos en los acuerdos para contratar a un centenar de vecinos y el desprecio de los patrones provocó una respuesta masiva. La poderosa Federación Obrera local, junto con espacios sindicales como la UGT y la CNT, además del auge de los partidos obreros, permitía soñar con una revolución que creían al alcance de la mano. La protesta llegó a un punto álgido en marzo de 1933, en un incidente que acabó con dos guardias civiles muertos y otro herido,además de varios huelguistas heridos y otro muerto. Las noticias de lo ocurrido llegaron a la prensa española e incluso más allá.
El juicio celebrado en 1934, en pleno bienio conservador, en el que se recuperó la pena de muerte, amenazó con la pena máxima a diez de los más de treinta detenidos, dejando una huella importante de solidaridad y de debate político, que en 1936 favoreció una crueldad extraordinaria.
Los franquistas se tomaron muy en serio la realidad de Hermigua. El Archivo Histórico Provincial de Las Palmas conserva los detallados informes elaborados por el alcalde franquista, Domingo Méndez, el 26 de enero de 1939, y por la Guardia Civil, el 8 de octubre de 1938, donde se identifican a 42 vecinos de Hermigua. Son casi el 10% de los militantes de la Federación Obrera en ese municipio, que en 1933 se calculaba que superaba los 450 afiliados.
Las listas son frías y detalladas, ofreciendo datos de filiación, perfil político y personal. Solo cuatro de ellos habían sido señalados por haber participado en los Sucesos de Hermigua. Tal vez esta sea una señal que indica que la mayoría de los desaparecidos ya se habían eliminado antes de elaborar los listados.
![[Img #104557]](https://gomeraverde.es/upload/images/08_2026/1855_0-0.jpg)
Los hombres que ves en la imagen son, de izquierda a derecha, en la parte superior, Manuel Casanova Medina, Vicente Valladolid Mesa, Tomás Brito Méndez, Domingo Rodríguez Henríquez, Manuel Avelino Perdomo Plasencia y Juan Martín Hernández. De izquierda a derecha: en la parte inferior, Francisco Martín Negrín, José León Piñero, Leoncio Fagundo Hernández, Avelino Navarro Méndez, Fernando Ascanio Armas y Pablo Ascanio Armas, los dos últimos hermanos. Fueron doce de los dieciocho asesinados extrajudicialmente en esta localidad, que incluyen una mujer y un bebé.
El primero de la lista es Manuel Casanova Medina, que tenía solo dieciocho años en el momento de los sucesos de 1933. A pesar de su juventud participaba activamente de las luchas en defensa del empleo y en contra del caciquismo local. En febrero de 1933 fue detenido junto a su hermano Serafín, acusado de haber cortado trece racimos de plátanos en la finca denominada “Las Hoyitas”. Esta práctica era una forma de presión a los propietarios que incumplían acuerdos o se negaban a contratar a determinados jornaleros. A él lo había defendido Juan Simeón Vidarte, abogado prestigioso y vicesecretario del PSOE entre 1932 y 1939.
Este jurista había estado presente en la causa similar contra los campesinos de Castilblanco, en Badajoz, en 1931. En el juicio se le acusó como encubridor de los responsables de los acontecimientos, aunque poco después el fiscal retirará esa acusación. El abogado defensor y las declaraciones de otros testigos dejaron claro que estaba en su casa, lejos del punto donde se produjo el choque violento entre guardias civiles y obreros, solo saliendo de su hogar con el ruido de los disparos y encontrándose el cuerpo de Antonio Brito, el jornalero muerto, al bajar. Manuel fue uno de los que el 28 de junio de 1934, dos días antes del juicio, firmó un manifiesto desde la cárcel en el que pedían suspender la huelga general anunciada para dos días después, coincidiendo con el inicio de las sesiones. El texto agradecía el “apoyo incondicional a estos bravos camaradas, víctimas del odio cruel de unos caciques sin escrúpulos, que con sus crímenes les llevaron a la tragedia”. Este joven fue uno de los absueltos en el proceso judicial, pero quedó señalado, siendo uno de los desaparecidos, con unos 22 años de edad.
Vicente Valladolid Mesa es el segundo. Tenía veintidós años en 1933 y era miembro de la Federación Obrera. También fue uno de los firmantes del manifiesto carcelario. Era soltero, jornalero, con instrucción, hijo de Sebastián y Encarnación, como indicaba el diario Hoy. Su abogado fue Benigno Macareño, que se centró en demostrar que Vicente no había participado de los acontecimientos de El Palmarejo y que la acusación venía de “falsas inculpaciones del testigo Nicasio León”, al que señalaba como “el cacique máximo del pueblo”. También se la había inculpado en el acto de sabotaje de la central eléctrica de Hermigua, durante las protestas. Él fue uno de los condenados a muerte, permaneciendo a la espera de esta sentencia entre 1934 y febrero de 1936. En 1935 participó de una acción solidaria desde la cárcel, donde, junto con otros compañeros, hicieron pública una carta anunciando que habían promovido una recaudación para el Hospital de Niños. Explicaban que “nos es muy grato remitirle para los niños recogidos en ese Establecimiento, la cantidad de sesenta y nueve pesetas, donativo que nos ha hecho a nosotros el Gobierno, con objeto de hacerles más agradables estos días de Pascuas”. Además de Vicente la iniciativa la firmaron Policarpo Niebla Mora y Ginés Ramírez Bacindo. El primero fue un destacado pintor, caricaturista e intelectual, que había sido condenado por agresión a la autoridad. El otro, un militante de la CNT sometido a una de las muchas causas contra las huelgas de la época. Él también sería fue una de las víctimas mortales de la dictadura, siendo fusilado en 1937.
En tercer lugar tenemos a Tomás Brito Méndez, que tenía veinte años en 1933 y estaba soltero. Fue defendido por el brillante abogado Luis Rodríguez Figueroa, que durante el proceso recordó que esos hombres y mujeres “solo salieron a la calle cuando el hambre invadía sus humildes hogares, y salieron, no sin antes pedir justicia a quienes podían y debían remediar su miseria”. Este fue otro de los absueltos en el juicio. Los autores de El Fogueo explican que tras el golpe logró esconderse bajo un montón de hierba en casa de su padre, hasta que fue localizado y posteriormente asesinado por los golpistas.
El cuarto puesto corresponde a Domingo Rodríguez Henríquez, con 21 años en 1933, que era soltero, con instrucción, hijo de Antonio y de Antonia. Su caso también defendido por Luis Rodríguez Figueroa, que lo definió como “un hombre bueno, de condición moral excelente, quien debido a su posición económica desahogada, puede, gracias a su generosa manera de ser, favorecer a los obreros, quienes lo llevan al seno de la Federación, donde continúa su elogiosa labor en pro de los trabajadores”. Se trató de otro de los absueltos y, junto a los hermanos Ascanio, era miembro de esa parte de la pequeña burguesía local que acompañó y apoyó la lucha contra el viejo caciquismo local. Su castigo, como el de otros, fue una muerte prematura, a pesar de haber sido declarado inocente y de su amistad con el guardia civil José Garrote, el que sobrevivió en 1933 y que tuvo un papel importante en la represión vivida tras el 18 de julio. Quizás tuvo peso en su situación la declaración que hizo en el juicio, donde señaló que “el señor Arrate prometió solemnemente que a la semana siguiente darle ocupación a los cien obreros que pedía”, afirmó que el incumplimiento de su palabra fue el detonante de la explosión de rabia. Tal vez ese dedo señalador no fue olvidado por uno de los poderes locales.
El siguiente es Manuel Avelino Perdomo Plasencia. Fue uno de los cinco condenados a muerte en el juicio. Tenía 24 años, estaba casado y tenía un hijo. Los informes del alcalde y de la Guardia Civil ofrecen datos de su vida y militancia. El primero aseguraba que era miembro de la UGT y de la Federación Obrera, considerándolo un “elemento de acción”. El segundo lo identificaba como panadero y comunista. Su abogado defensor fue el tinerfeño José Carlos Schwartz. En el proceso lo vincularon con su pariente, Avelino Navarro Méndez. Ambos estaban juntos en una farmacia de la localidad y tenían las ropas manchadas de sangre, ya que Perdomo había sido herido tras el choque de El Palmarejo, en la farmacia cercana. José Garrote, además, dijo haberlo reconocido durante la revuelta..
Le sigue Juan Martín Hernández, que era conocido en el pueblo con el apodo del “hijo del marcado”. Su pena fue de 12 años de cárcel, aunque como el resto de los condenados, fue liberado en febrero de 1936, con la victoria del Frente Popular. La dictadura no tardó en aplicarle un castigo brutal a su activismo.
Continuamos en la parte inferior de la imagen con Francisco Martín Negrín, conocido como “El cojo”. Tenía 43 años en 1934 y fue otro de los que fueron condenados a muerte en el juicio, siendo defendido por el prestigioso abogado Luis Jiménez de Asúa. Era padre de cinco hijos en ese momento. El informe del alcalde afirma que pertenecía a la UGT y a la Federación Obrera, siendo además una persona que “hacía activa propaganda marxista”. La Guardia Civil lo acusaba directamente de ser comunista. En el proceso judicial lo implicaron como uno de los obreros que disparó contra los guardias, aunque otros testimonios lo localizaban en la sede de la Federación Obrera durante los incidentes. Una foto de 1938, procedente del libro El Fogueo, identifica a un joven llamado Juan Martín Negrín en la prisión flotante Porto Pi, en octubre de 1938, quizás su hermano.
Continúa la lista José León Piñero, de 22 años. Su abogado, Luis Rodríguez Figueroa, lo defendió afirmando que “se ha encartado en este asunto caprichosamente porque la única prueba que existe es la del testigo de la acusación que dice había visto a «un tal León», quién en ninguna manera es la persona de su defendido”. Fue condenado a doce años de presión en 1934 y fue uno de los firmantes del manifiesto en el que pedían detener la convocatoria de huelga general previa al juicio.
Continuamos con Leoncio Fagundo Hernández, nacido en Agulo y conocido como “El Palas”- Tenía 38 años en el momento del juicio y fue defendido por Juan Simeón Vidarte. Fue otro de los condenados a muerte, acusado igualmente de haber manejado un arma y señalado por el cacique local, Nicasio León. Tras el golpe militar fue uno de los que trató de huir, refugiándose en la zona de El Cedro. Tras ser capturado, testimonios familiares aseguran que fue castrado y llevado a Tenerife, donde “lo desaparecieron que no se volvió más a saber de él”.
Continuamos con Avelino Navarro Méndez, de 28 años, casado y con dos hijos. El alcalde franquista también identificó como miembro de la UGT y la Federación Obrera. La guardia civil dijo de él que era jornalero, que había sido militante socialista e interventor del Frente Popular en las elecciones generales y en las de compromisarios.
Finalmente tenemos a los hermanos Fernando y Pablo Ascanio Armas, dos jóvenes de la pequeña burguesía local. Ambos eran militantes socialistas de Hermigua. El primero tuvo un papel especialmente activo, llegando a ser una de las cabezas de lista del Bloque de Izquierdas en las elecciones de noviembre de 1933, donde logró más de 13.000 votos en el Norte de La Gomera, La Palma y Valle de La Orotava. Pablo no había sido acusado por el proceso de Hermigua, su hermano fue condenado a ocho años de cárcel por su activa labor en la Federación Obrera. Tras el golpe militar fueron detenidos los dos y llevados a Tenerife, donde pasaron por Fyffes. José Antonio Rial, en su novela histórica “La prisión de Fyffes”, describe la noche en la que los militares sacaron a su hermano Pablo, que en ese momento estaba casi paralizado por la artritis. Negándose los fascistas a que lo intercambiaran por él, Fernando “se echó sobre el cuerpo doliente de Pablo Ascanio y se abrazó a él”, de poco sirvió el gesto, poco después “cargaron con el jergón de Pablo y se llevaron al hombre como en unas angarillas. Al alzarlo el enfermo de dolores reumáticos dio un pequeño grito, pero se reprimió”. Los datos orales conservados afirman que en enero de 1937 los dos fueron arrojados al océano en la costa de Anaga, por una de las tristemente célebres brigadas del amanecer.
La lista de desaparecidos de Hermigua la completan el maestro Enrique Bizcarri Jové, nacido en Barcelona en 1901, el bebé Jerónimo Chávez Pineda, sus padres, Antonia Pineda Prieto y Jesús Chávez Pineda, además de Antonio Hernández, otro de los acusados en los sucesos, y Antonio Martín Hernández, hermano del ya mencionado Juan Martín Hernández.
La información recopilada da versiones sobre lo sucedido. Unos hablan de ejecuciones en el propio pueblo, otros explican que fueron traslados a Tenerife. El trabajo García Luis y Torres Vera ofrece testimonios que dicen que “algunos fueron ultimados en el propio pueblo”, mientras que otras personas afirman que “varios fueron trasladados en el Águila de Oro, conducidos a la batería del barranco del Hierro, y allí fusilados”.
El 18 de julio de 1936 fue sin duda la fecha clave para que esta violencia orquestada se desatara. José Garrote, el guardia civil implicado en los Sucesos, pidió regresar a la zona y algunos lo señalan como uno de los promotores centrales de la represión. Los supervivientes cuentan como las torturas se hicieron generales, de forma que en cualquier momento “llegaban cuatro desalmados de esos, borrachos, a medianoche, te tocaban en la puerta y te sacaban, y sin más acá ni más allá te llevaban a un terraplén de esos y te daban una cueriza”.
El último alcalde republicano de Hermigua, miembro del Frente Popular, era Julián Rodríguez Rodríguez. Junto a los concejales Pedro García Plasencia, Fernando Barroso Mesa, Daniel Brito Brito, Manuel Rodríguez Henríquez y Pedro Barrera Rodríguez se reunieron a las once de la mañana del día del golpe con la intención de resistir. Aquí ese intento no tuvo la fuerza que se vivió en Vallehermoso, debido a que la Guardia Civil local sí simpatizó desde el primer minuto con los sublevados. Además, se ayudaron y armaron a grupos fascistas que ya estaban presentes a nivel local, escondidos bajo el paraguas de espacios como la Juventud Católica y similares..
La Gaceta de Tenerife del 29 de agosto de 1936 ofreció un amplio reportaje sobre lo sucedido en ese valle unos días antes, bajo la mirada de los golpistas. Indican, sin el menor reparo, que el reconocido José Méndez Suárez, corresponsal de ese periódico católico en Hermigua, “en compañía de Jesús Trujillo, Miguel A. Trujillo, Alonso Trujillo y Antonio Fagundo Fragoso, formaban el Comité secreto de Falange Española en dicho pueblo, mucho antes del movimiento”. Precisamente el dirigente central era la cara visible de Acción Católica a nivel local. Este espacio logró movilizar a varias decenas de jóvenes, que colaboraron activamente en el control de la zona, la clausura de locales obreros y las primeras detenciones de militantes de las fuerzas republicanas.
Unos pocos días después llegaron las tropas del ejército para hacerse con el control de Vallehermoso. El 16 de agosto se realizó el proceso de cambio de banderas en los edificios públicos del pueblo, recuperándose la anterior enseña monárquica y retirando las republicanas. Al frente del grupo promotor de este cambio de banderas estará José Garrote y los miembros de Falange, además de los poderes caciquiles históricos. El cambio de bandera del Ayuntamiento de Hermigua dejó una de las imágenes más rotundas del golpe de 1936 en Canarias, con un grupo, bandera en mano, haciendo el saludo romano como símbolo del nuevo régimen.
Las cárceles se llenaron de militantes y activistas, mientras el miedo se metió en las venas de la mayor parte de la población. Algunos de los represaliados vivieron la paradoja de ser movilizados por los franquistas al poco de salir en libertad, marchando a luchar en nombre de quienes les quitaron todos sus derechos. Es el caso de Juan Darias Brito, uno de los que fue sometido a juicio en 1934. Este joven terminó hecho prisionero, no sabemos si voluntariamente, en el frente, estando en las listas de presos del cuartel de Clot, en Cataluña. Sobre su caso existe un listado realizado por las autoridades republicanas donde informan que era militante de la CNT y parece que pudo ser reincorporado al ejército republicano. Le acompañaban tres vecinos más de Hermigua, que forman una parte sustancial de las localidades mencionadas. Eran Antonio Prieto Hernández, Domingo Hernández Rodríguez y Jesús Cruz Chávez, también militante de la CNT. Las víctimas, por acción o por omisión, también fueron esos miles de jóvenes canarios que la dictadura forzó a luchar y morir a miles de kilómetros de sus hogares, en nombre de su supuesta gloria y, en muchas ocasiones, en contra de sus propios ideales.
Ojalá, con estos noventa años del golpe militar todavía frescos, el Ayuntamiento de Hermigua no olvide a sus hijos e hijas, asesinados por sus ideales y sus sueños. No tengo duda que cualquier administración que sienta la democracia y los valores de libertad, no tendría la menos duda en hacer este tipo de reconocimientos.
Que nueve décadas después, encontremos a cientos de jóvenes defendiendo y justificando la dictadura en las redes sociales, sin saber el terror que generó, sin conocer los derechos y libertades que se perdieron, resulta triste y preocupante. Las instituciones, las personas dedicadas a la historia, la propia democracia, debe ayudar a que esta memoria no se borre y olvide, impidiendo que la semilla del odio siga germinando. La memoria histórica no es solo un estudio del pasado, es una vacuna que previene el totalitarismo. Hoy como ayer, miles de personas, ideas y sentimientos no caben en su mundo, algo que ya sabemos lo peligroso que es.
Por Rubens Ascanio Gómez. Licenciado en Historia por la Universidad de La Laguna
Fuentes utilizadas
CABRERA ACOSTA, MA ed. (2000): La guerra civil en Canarias, Francisco Lemus Editor. La Laguna pp123-124
GARCÍA LUIS, R (2003): Crónica de vencidos. Canarias: resistentes de la guerra civil, La Marea, Islas Canarias. Pp 332-334
GARCÍA LUIS, R Y TORRES VERA, JM (1986): Vallehermoso “El Fogueo”, Centro Amilcar Cabral, Tenerife.
Ascanio Gómez, R. La Larga sentencia de Fernando Ascanio: https://latadelgofio.blogspot.com/2021/06/la-larga-sentencia-de-fernando-ascanio.html
AHPLP. Informe del Comandante del Puesto del 24 tercio de la Guardia Civil de Hermigua, sobre militantes de izquierda de Agulo y Hermigua. 8 de octubre de 1938. Caja 262.
AHPLP. Informe de Domingo Méndez, alcalde de Hermigua, sobre actividades políticas y sindicales de vecinos. 26 de enero de 1939. Caja 262.
Centro Documental de la Memoria Histórica. Identificación de prisioneros en el cuartel de Clot.
La Prensa. 14 de febrero de 1933 p3
Perfil de Juan Simeón Vidarte en la Fundación Pablo Iglesias: https://fpabloiglesias.es/entrada-db/vidarte-franco-romero-juan-simeon/
Rebelión. 7 de julio de 1934. Edición especial.
Hoy. 13 de julio de 1934 p1
Gaceta de Tenerife. 27 de diciembre de 1935 p3
Gaceta de Tenerife. 9 de abril de 1933 p5
En Marcha. 7 de julio de 1934
Gaceta de Tenerife. 4 de julio de 1934 p5
Hoy. 13 de julio de 1934 p1
La Prensa. 6 de julio de 1934 p5
La Gaceta de Tenerife. 7 de julio de 1934 p3
La Sorriba. Junio de 1985 p20
La Sorriba. Mayo de 1985 pp17-18
* Licenciado en Historia. Comunicación y gestión de proyectos culturales, patrimoniales y comunitarios















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