Jueves, 10 de Septiembre de 2026

Opinion
Jueves, 10 de Septiembre de 2026

El poder de las palabras

Los humanos somos la única especie que tiene un lenguaje articulado y complejo que permite la comunicación. Las palabras que necesitan aire para ser escuchadas a través de la voz (o el silbido), pueden ser fijadas en otros soportes que la hagan menos efímera. Se pueden escribir: en papel, piedra, mármol… (“Verba volant scripta manent”)

 

Lo que no dudamos ninguno de los que integramos nuestra especie es del poder que emana de ellas. Pueden cambiar nuestra vida, nuestra percepción del mundo y de lo que nos rodea. Cuando Julia paseaba de la mano por la playa con su acompañante, se acercó a su oído y le dijo por primera vez: “te quiero”. Esas palabras cambiaron su futuro. También cambia la percepción de la realidad cuando Cervantes nos dice que lo que es una “simple posada” para D. Quijote es un “castillo” ¿por qué no? un “molino” puede ser un “gigante”. Cuando un médico en consulta nos dice: “ es benigno”, o lo contrario, nuestra vida, nuestro mundo cambia después de oírlas… y así podríamos continuar con miles de ejemplos que todos conocemos. ¡Ay las palabras!

 

También nos llevan a la acción y a la esperanza. Sin “la tierra o el paraíso prometido”,  sin la “salvación”… ¿qué sería de las religiones? Sin los insultos, sin los agravios verbales ¿qué serían de los enfrentamientos?

 

Hoy he leído en los medios de comunicación que a un niño (se llama Alí y tiene ocho años) en un asentamiento de inmigrantes, otros niños han herido con un arma de perdigones en la cabeza. Por la noche han ido a “cazar” a otros niños. El poder de las palabras se refleja en eso. Julia cambió su mundo con un “te quiero”, estos niños han alterado el suyo con un “te odio”. ¿Cómo revertir esto?

 

Estamos viviendo la maldición de Casandra” (invito a todo el mundo a que investigue quién era). La verdad la vemos, la oímos… lo que nos anuncian del futuro es evidente, pero no lo creemos. Todos sabemos lo que está por venir, pero como le ocurría a ella, nadie lo cree.

 

He oído hace poco a personas influyentes de nuestro entorno, en alguna conferencia de estas Jornadas Colombinas, decir que es importante disentir, decir palabras que expresan lo contrario a lo que otros piensan...pero que no nos cueste la vida decirlas. Absolutamente de acuerdo. Hagamos buena aquella sentencia que supuestamente atribuimos al Ilustrado Voltaire: “estoy en contra de lo que usted dice, pero defendería hasta la muerte el que usted pueda decirlas”.

 

La democracia es el poder de la palabra: “Caute”.

 

 

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