Lunes, 02 de Noviembre de 2026

Oscar Izquierdo
Lunes, 02 de Noviembre de 2026

Verdaderos tapones

Estamos inmersos en la correspondiente liturgia electoral, que generalmente empieza con la presentación de los candidatos por parte de los distintos partidos políticos. Sorpresas ningunas o quizás alguna en pequeña escala. Siempre suelen ser las mismas caras, no ya de hace años, sino que hay que contabilizarlas por décadas.

 

Los que algún día han llegado a ese despacho con moqueta, amueblado con los últimos diseños vanguardistas, aire acondicionado y sobre todo, porque es lo más que les gusta, contar con coche y chofer oficial, no salen de allí ni empujándolos a mano o con cualquier maquinaria. Hacen todo lo posible por mantener ese estatus, bastante confortable, que les permite alimentar su egocentrismo personal en niveles altísimos y sobre todo, asegurarse el poder adquisitivo de un salario, dietas, viajes gratis y demás prebendas, que se han inventado los políticos para ellos mismos. Es lo más parecido al dicho de “yo me lo guiso, yo me lo como, como Juan Palomo”.


Esencialmente se les podría denominar tapones herméticos o mejor de bloqueo total, que impiden la llegada o entrada en la vida pública de nuevas personas, sobre todo de los jóvenes, que vienen muy preparados académicamente y necesitan explotar su potencialidad en la gestión ordinaria. Usamos la palabra tapón con intención precisa, según la tercera acepción del Diccionario de la Lengua Española que lo define como: “persona o cosa que produce obstrucción del paso”. Los políticos señeros o señeras, vienen a ser vados permanentes por donde solo pueden circular ellos,  convirtiendo la política como la única profesión que tienen en la actualidad o que siempre han ejercido, unas veces cobrando, cuando su partido estaba en el poder o pasando dificultades económicas, diríamos quebrantos coyunturales, cuando se estaba en la oposición, porque durante esos cuatro años de invierno frio, pues o no se trabajaba o se recibía alguna ayudita del partido para sobrevivir. 


Cuando en estos días hemos visto las fotografías del grupo de candidatos de cada fuerza política, caminando, contentos, alegres, risueños, a presentar reglamentariamente su candidatura en las oficinas habilitadas al caso, lo primero que se viene a la mente es la poquedad con la que contamos. Esa imagen está muy repetida y aún así, la hacen como si fuera la primera vez. Detrás han dejado un reguero, dentro del propio partido al que pertenecen, de enemistades, malas mañas y mucha adulación al que manda, para conseguir mantenerse en el sillón que tanto ansían por necesidad primaria.


Después vienen los agradecimientos públicos a los que por gracia amistosa los han colocado por acordarse de ellos nuevamente y prometen, una vez más, lo mismo de siempre. Vienen los compromisos ya dichos en otras ocasiones parecidas y que nunca han cumplido, pero les vale una vez más para quedar bien retratados. No hace falta recordar, que siempre se insiste que la candidatura respectiva lleva los mejores perfiles para defender Canarias, aunque sean más repetidos que los cromos del álbum del campeonato de liga del futbol español. 


Ya he mencionado en varias ocasiones que convertir la política en una profesión, es una perversión. Hay que saber entrar, pero, sobre todo, salir cuando toca, sin dilaciones, porque las ideas y formas de actuar de cada cual suelen ser estancas y difíciles de cambiar. Más de ocho años ejerciendo cualquier cargo público ya significa que esa persona está contaminada por el virus del “puestito” a saber, quedarse cueste lo que cueste, pasando por encima de todos, traicionando amistades, terminando con la consideración más bochornosa, que es lisonjear al jefe, empalagosamente, para que siempre lo tenga en consideración. Con estos mimbres no hacemos ni un cesto.

 

Oscar Izquierdo

 

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