Panel reflectante
Llegar a Vallehermoso es una de las cosas más bonitas que te pueden pasar. Cruzar el túnel de la Culata, asomar por el Almendrillo (cerrado aún) y llegar a este trozo de paraíso lleno de gente más maravillosa aún. Bien.
Llegas al casco y te encuentras con el sempiterno problema del aparcamiento que, por mucho que hayan pintado la Avenida, seguirás aparcando ahí porque no hay donde dejar el coche. Pero lo peor está por llegar.
Te plantas en la rotonda, dejas atrás el busco de poeta García Cabrera –si es que aún lo ves con tanta planta delante- y ¡zas! De pronto te ves con un panel reflectante amarillo ‘fosforito’ del tamaño de un abeto indicando precaución porque entras en zona escolar. Como dicen por mi barrio, ‘cámbate, compadre’.
Aquello no es un panel, es un elemento tan feo, tan descontextualizado, tan hortera, que si no andas demasiado bien puesto puedes confundirlo con el alumbrado navideño. Eso incluyendo que no sea de noche y las luces incidan en este mamotreto fosforescente, porque entonces aquella rotonda parecería una discoteca.
Seguridad, toda. Aunque la zona escolar esté por lo menos 200 metros más abajo. Nadie niega que haya que avisar a los conductores de dónde se encuentra uno pero, ¿hacía falta colocar tamaña señalización? Yo creo que no.
Marinero en tierra.
Llegas al casco y te encuentras con el sempiterno problema del aparcamiento que, por mucho que hayan pintado la Avenida, seguirás aparcando ahí porque no hay donde dejar el coche. Pero lo peor está por llegar.
Te plantas en la rotonda, dejas atrás el busco de poeta García Cabrera –si es que aún lo ves con tanta planta delante- y ¡zas! De pronto te ves con un panel reflectante amarillo ‘fosforito’ del tamaño de un abeto indicando precaución porque entras en zona escolar. Como dicen por mi barrio, ‘cámbate, compadre’.
Aquello no es un panel, es un elemento tan feo, tan descontextualizado, tan hortera, que si no andas demasiado bien puesto puedes confundirlo con el alumbrado navideño. Eso incluyendo que no sea de noche y las luces incidan en este mamotreto fosforescente, porque entonces aquella rotonda parecería una discoteca.
Seguridad, toda. Aunque la zona escolar esté por lo menos 200 metros más abajo. Nadie niega que haya que avisar a los conductores de dónde se encuentra uno pero, ¿hacía falta colocar tamaña señalización? Yo creo que no.
Marinero en tierra.













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